Semana de locos por Madrid y Sevilla
Menuda semana de locos la que he pasado. Todo empezó el miércoles 22 de febrero a las 5.30 de la mañana, en la puerta de la casa de Joan Lleonart, amigo y presidente de ICV del Maresme. Habíamos quedado en casa del compañero Miquel Canal para emprender lo que iba a ser una locura de visita al Congreso de los Diputados. Bajando hacia el centro de Mataró, donde vive Canal, nos encontramos con el cuarto viajero, el también compañero y amigo Jordi Merino. Así, poco después de las 6 salíamos con la furgoneta de Canal camino de la capital de España. El viaje fue más prolongado de lo previsto, con paradas en diferentes pueblos y gasolineras, como en Peñalba (donde se rodó parte de la famosa película “Jamón Jamón”) o Alfajarín. Así, sobre las 14.30 llegamos a Madrid. Aparcamos en el parking que hay en la Carrera de San Jerónimo y nos fuimos corriendo a comer unos bocatas de calamares, acompañados de sus correspondientes cañas, a la Plaza Mayor. Comimos y nos fuimos al Congreso de los Diputados, donde teníamos reservados cuatro pases para asistir a la sesión de control al Gobierno. Allí estuvimos hasta pasadas las 19 horas, atendiendo a los parlamentos de los miembros del Gobierno y de la oposición. También aprovechamos para saludar a la diputada Carme García, de ICV, y a Manuel Mas, diputado del PSC y durante muchos años alcalde de nuestra ciudad, Mataró. Con ambos estuvimos hablando un ratillo.
Después de la visita al Congreso, nos dispusimos a buscar un sitio para pasar la noche, que al final resultó ser un albergue juvenil de la calle Huertas. Quedamos con dos amigos de Canal, Daniela e Iván, con quienes fuimos a tomar unas cervezas y a ver el partido Chelsea-Barça, que, por cierto, menudo partidazo de Messi y compañía... Después del partido, seguimos tomando cervezas, para acabar la noche en un garito donde había música en directo, un sitio ciertamente cojonudo... Hacia las 2 nos fuimos a dormir, y en eso estuvimos hasta las 9 de la mañana, cuando nos dispusimos a ducharnos y desayunar.
Nos fuimos a tomar unos cafés al centro, momento que aprovechamos para repasar la prensa, que iba llena de elogios al Barça y de referencias al 23-F, del que se cumplían 25 años. Entonces nos fuimos a visitar a la gente del grupo parlamentario de Izquierda Verde, en el edificio que hay justo delante del Palacio del Congreso. Aprovechamos para saludar a las administrativas y técnicas, y la compañera Roser ejerció de espléndida cicerone. Saludamos a Gaspar Llamazares, con quien estuvimos comentando la jugada, y nos dirigimos al edificio del Palacio del Congreso de los Diputados. Nos cruzamos con Zaplana y Martínez-Pujalte por los pasillos, y estuvimos dando vueltas por las diferentes salas de prensa. Después, estuvimos un buen rato en el hemiciclo, que estaba vacío, y aprovechamos para hacernos fotos en la tribuna y en los escaños del Gobierno y de la oposición. Toda una experiencia, la verdad. Después, nos fuimos a comer al comedor del Congreso, que estaba lleno, principalmente de trabajadores de la cámara y de periodistas, pero también había algunos diputados, además del Presidente del Congreso, Manuel Marín. Comimos y estuvimos un rato hablando con la diputada valenciana de IU, Isaura Navarro, y con nuestros compañeros de ICV Joan Herrera y Jaume Bosch, que iban bastante atareados con las reuniones de negociación del Estatut.
Tras la visita al Congreso, los amigos Canal, Lleonart y Merino se dispusieron a encarar el viaje de vuelta a Mataró, que resultó ser bastante movido a causa de la nieve, y yo me dirigí a Atocha para coger un tren hacia Fuenlabrada, donde había quedado con mi buena amiga Mariví. En esta ciudad del sur de Madrid estuve visitando el nuevo piso de Mariví, y charlando un rato con ella y con su novio, Adrián. Tras la visita, cogí el tren de vuelta a Madrid, para dirigirme a Hortaleza, donde vive mi gran amigo Carlos y su novia Tamara, quienes siempre que voy de visita a la capital tienen la amabilidad y la paciencia de tratarme extraordinariamente bien y de acogerme en su casa. Lo cierto es que es toda una suerte tener amigos como Carlos y Tamara, nunca me cansaré de decirlo. El vienes por la mañana Carlos y yo estuvimos en la facultad, para coger algunos libros de la biblioteca, arreglar un par de trámites y navegar por internet, antes de volver a casa para comer. Por la tarde, mientras ellos se fueron a trabajar yo aproveché para dar una vuelta y comprar los billetes de autocar para ir a Sevilla, donde ya había planeado pasar el fin de semana con mi amigo Josué.
Así, el sábado cogí el autocar con destino a Sevilla, ciudad a la que llegué sobre las 19 horas. En Plaza de Armas me estaba esperando mi amigo Josué, a quien no veía desde las pasadas navidades, cuando dejó Mataró para irse a vivir a Sevilla con sus padres. Estuvimos tomando unas cervezas en el Budha y nos fuimos a Sevilla Este, el barrio donde vive. Nos arreglamos un poco y sobre las 22.30 nos fuimos a cenar con unas amigas. Después de cenar, nos fuimos mi amigo, Loli e Inma de fiesta. Botellón, copas y después a la discoteca Göa. Y así, hasta las 8 de la mañana, cuando decidimos irnos a dormir. Menuda fiesta...El domingo nos fuimos a desayunar los cuatro sobre las 14 horas, antes de despedir a Inma, que se iba a pasar un par de días a la playa con su madre. Nos despedimos también de Loli y Josué y yo volvimos a casa para ducharnos. Nos arreglamos rápidamente y nos fuimos al centro a comer algo. Y después, al campo del Betis, a ver el partido contra la Real Sociedad. Después de pagar 25 euros por cabeza a un personaje que nos prestó sus carnés, entramos al campo, donde disfrutamos, por una vez, de una victoria verdiblanca por 2-0, con goles de Dani y Robert. Tras ello, volvimos al centro, caminando, para visitar el Jesús del Gran Poder y la basílica de la Macarena. Yo, la verdad, no soy en absoluto aficionado a este tipo de cosas, pero Josué es todo un experto en la Semana Santa sevillana y disfruta como nadie con estos temas. Después, nos acercamos un momento a la Buhaira a saludar a la familia Rey Pérez, quienes casi siempre que voy de visita a Sevilla me acogen como si fuera uno más de la familia. Allí estaban Paula, Javi, Pilar y Juan, con quienes estuvimos un rato charlando. Ellos forman la familia de mi gran amiga Julia, a quien conocí en mi Erasmus en Roma y con quien no he podido perder el contacto y el roce aunque hubiera querido. Julia no estaba, pues había aprovechado unos días libres para irse a Italia. Suerte que esta semana está de visita por Barcelona y ya tendré ocasión de pasar buenos ratos con ella. Después, Josué y yo volvimos a su casa, cenamos con sus padres y su hermana y nos fuimos a dormir, que al día siguiente había que madrugar. El lunes, a las 8 en pie, desayuno rápido y hacia la estación de autobuses para volver a Madrid. Así acababa uno de los mejores fines de semana que he pasado, y que será difícil de olvidar. Gracias de corazón, Josué, y sobre todo, muchas gracias por soportarme y por tratarme tan bien, Inma.
El viaje en autocar a Madrid se me pasó volando, pues lo pasé prácticamente entero durmiendo. Cuando llegué a la capital, me dirigí de nuevo a casa de Carlos, donde preparé la mochila, me duché y cené con Tamara. Me despedí de ella y me fui al Foot Locker del Centro Comercial Gran Vía de Hortaleza, donde trabaja Carlos. Me despedí de mi amigo y me fui al aeropuerto, para regresar a Barcelona. El vuelo salió pasadas las 22 horas, y sobre las 23.15 estaba ya en Barcelona. De allí en coche a Mataró, donde llegué sobre la medianoche. Acababa así una semana de locos, pero una semana que será difícil de olvidar.
El meu Erasmus
Em demana el meu amic Andrés Orte que escrigui unes línies sobre la meva experiència Erasmus per la revista de l'Associació d'Antics Alumnes de la Universitat Pompeu Fabra. Doncs bé, aquí transcric el text:En l’últim any de carrera vaig estar d’Erasmus. Ho vaig sol·licitar el curs anterior, l’últim dia de termini, sense tenir una motivació gaire especial. Però el cas és que em van atorgar la beca, i a sobre amb la primera opció triada: la Universitat degli Studi di Roma III. Així les coses, vaig pensar que no podia deixar escapar l’oportunitat i vaig acceptar el repte de marxar uns mesos a Roma. Com que treballava a les tardes, no podia deixar la feina durant tot el curs, així que només vaig aprofitar tres mesos dels sis que comprenia la beca, i vaig estar-me d’Erasmus l’abril, el maig i el juny del 2002.
De la beca Erasmus sabia el típic: que et permetia estar matricular en una universitat estrangera i cursar algunes assignatures allà, però que t’havies de buscar la vida en gairebé tot: allotjament, viatge, etc., i a més, la quantia econòmica que t’ingressaven cada mes era irrisòria. De totes formes, jo vaig tenir força sort en trobar pis (habitualment el més complicat de l’Erasmus), doncs una companya de classe de la Pompeu, la Laia, era a Roma d’Erasmus durant el primer semestre, i va ser ella qui em va passar el contacte per entrar a viure en un pis on quedava lliure una plaça tot just abans de la meva arribada. I dic que vaig tenir sort perquè, quan vaig arribar a Roma, ja tenia un lloc on anar a dormir, i quan arribes a una ciutat estranya, i més encara a l’estranger, això s’agraeix. I va ser una sort perquè allà vaig conèixer uns companys de pis que avui en dia són amics, i amb els que, després de l’Erasmus, he anat a sopar, de festa, de vacances… El millor de l’Erasmus va ser, sense dubte, la gent que vaig conèixer, amb els que he tingut la sort de mantenir força el contacte.
El cas és que em vaig relacionar fonamentalment amb espanyols (inoblidables les reunions de més de vint persones al nostre petit pis per veure els partits de la selecció espanyola al Mundial). No sé perquè, però quan surts a l’estranger t’acabes relacionant amb gent d’aquí, suposo que per la coincidència d’horaris, costums, cultura, idioma… Vaig tenir la sort d’entrar en una colla ja consolidada i que em va acceptar amb els braços oberts des del primer dia: Juan, Albert, Alfonso, Charli, Cristina, Maria, Ana, Graciela, Mónica, Pere, Enric, Julia, Dani, Riki i Paloma es van convertir en la meva família per tres mesos. En total, i comptant-me a mi mateix: vuit catalans, quatre andalusos, tres madrilenyes i un lleonés. Vaig conéixer molta més gent a Roma, però es pot dir que aquesta va ser la meva família. I no tot van ser espanyols, doncs també vaig tenir l’oportunitat de conèixer gent d’Itàlia (com no…), França, Grècia, Bòsnia, Bèlgica, Portugal, etc.
De les classes puc dir poca cosa, doncs es pot dir que vaig anar a Roma de vacances, amb la carrera pràcticament enllestida, i només em vaig haver de matricular en dues assignatures de lliure elecció, que vaig aprovar, com tots els Erasmus, sense currar-m’ho gaire. Sí puc dir, però, que vaig tornar amb un bon nivell d’italià, tot i que ja coneixia la llengua abans de marxar a Roma. Al final, el que queda de l’experiència són les festes, els viatges (Sicília, oh Sicília!) i les anècdotes. Però sobretot, després de l’Erasmus, queda l’oportunitat de poder anar a un munt de llocs d’Espanya a visitar aquella gent amb que vas compartir tantes coses: al barri Húmedo de León, a Madrid, a la Feria de Abril de Sevilla, a la Feria de Málaga...
Propaganda del Govern de la Generalitat
Fa dies que volia parlar de la campanya que fa poc ha engegat el govern de la Generalitat, i que porta com a títol “Govern de Catalunya. Com tu”. Es tracta d’una campanya que serveix per fer propaganda de les actuacions que ha portat a terme el govern en els dos anys de mandat que porta al poder. Recordo que, quan CiU manava, no podia suportar que es destinessin diners públics a fer propaganda de les accions del govern de Jordi Pujol, i com jo, moltíssima gent qualificava de vergonya inacceptable aquest despilfarrament de recursos per enaltir la tasca d’aquell govern.Ara, amb el nou Govern catalanista i d’esquerres, resulta que passa el mateix, que també s’ha sucumbit a la temptació de gastar diners públics en fer propaganda de l’actuació del govern. S’ha creat un logotip de la campanya, s’han penjat cartells als carrers, anuncis a la tele, etc. I això costa molts diners, molts diners que es podrien destinar a altres coses que són més necessàries. A sobre, va en contra de la nova llei de l’Audiovisual catalana, aprovada el passat mes de desembre, i que obliga a que el Consell de l'Audiovisual de Catalunya (CAC) autoritzi les campanyes institucionals d’aquest tipus. I ara es té la barra d’afirmar que aquesta campanya es va engegar abans de l’aprovació de la nova llei, i que, per tant, és perfectament legal. Sí senyors, perfectament legal, però també perfectament legítima i èticament acceptable? També va ser perfectament legal la propaganda descarada que Pujol va fer del candidat Artur Mas durant el mandat anterior, i no per això es podia justificar de cap de les maneres, doncs era una autèntica vergonya.En fi, que actuacions com aquesta no fan més que ajudar a que ens adonem que, sigui qui sigui al govern, tothom sucumbeix a les males temptacions, escudant-se en l’argument demagògic de la pedagogia que s’ha de fer per explicar què es fa des de la Generalitat. Però senyors, és que no és la seva obligació treballar per fer progressar el país? És que cada vegada que es fa alguna cosa bé s’ha de fer propaganda? M’haureu de perdonar, però no estic en absolut d’acord amb aquestes campanyes institucionals, les faci qui les faci.
Fin de semana en Zaragoza
El pasado fin de semana lo pasamos en Zaragoza. Hace ya tiempo dijimos que cuando nuestro amigo Manolo hiciera los exámenes del MIR, después de un año de encierro efectivo estudiando, iríamos a Zaragoza a ver un partido de fútbol en la Romareda, y como encima uno de los equipos que jugaba en febrero era el Betis, decidimos que el fin de semana pasado era el idóneo. Manolo es del Zaragoza desde pequeño, y una buena manera de festejar que por fin la tortura del MIR había acabado era marcharnos los colegas un fin de semana de fiesta por la capital maña. Al final, para allá que nos fuimos Manolo, Alberto, Carlos, Javi y un servidor.Salimos de Cirera el sábado a las 8.30 de la mañana, caminando, hacia la estación de RENFE. De allí, tren hasta Arco de Triunfo, y de allí, a la Estación del Norte, donde a las 10.30 salía nuestro autocar hacia Zaragoza. Sobre las 2 de la tarde llegamos a la estación de autobuses que hay cerca de la Puerta del Carmen. Al lado teníamos el Hostal Paraíso, donde habíamos reservado dos habitaciones, y aprovechamos para dejar allí las mochilas. Después, a comer a un restaurante cercano. La tarde transcurrió, primero, visitando el centro y el Pilar, y después, tomando cervezas en un bar que había por allí cerca.
De cervezas estuvimos hasta la hora de cenar, y como el hostal nos pillaba un poco lejos, decidimos no volver hasta la madrugada, después de salir de fiesta. Nos fuimos a cenar unas tapas a un bar, siempre acompañadas de sus correspondientes cañas, y aprovechamos para ver el partido Real Madrid – Espanyol. Después, visitamos un par de bares más, acompañados de unos amigos maños de Manolo, que ejercieron de cicerones, para inaugurar el domingo en otro bar. La verdad es que ya habíamos perdido la cuenta de los bares que habíamos visitado, sin hablar del número de litros de cerveza que habíamos ingerido. El caso es que acabamos la noche, con la euforia como compañera, en la Casa del Loco, una discoteca de Zaragoza, para después retornar al hostal a dormir unas horas.
Nos levantamos sobre las 11.30, con el tiempo justo para ducharnos antes de dejar las habitaciones, algo que debíamos hacer antes de las 12. Nos fuimos hasta la Romareda para comprar las entradas del partido de la tarde, a 25 euros cada una, y comimos en un centro comercial que había al lado del campo. Después de hacer la sobremesa en otro bar, entre periódicos y sudokus, nos dispusimos a entrar al campo sobre las 16.30, media hora antes del comienzo del partido. Nos colocamos en el lateral del estadio, justo delante de donde habían situado a la afición bética, que era bastante numerosa. El partido estuvo bien, aunque el Betis perdió, pero fue emocionante, pese a que el Zaragoza se puso con un 4-0 a favor en tan sólo 20 minutos. Suerte que Dani sacó su garra para meter 3 goles y darle color al partido. Al final, 4-3, pero nos lo pasamos bien.Tras el partido, nos fuimos a un bar cercano a la estación de autobuses, para tomar unas cañas y ver por televisión el Barça – Atlético de Madrid. Vimos la segunda parte, y tras ello, a coger el autobús de vuelta a Barcelona, que salía a las 9. A las 0.30 estábamos de nuevo en la Estación del Norte, y como ya no había trenes a Mataró, tuvimos que subir hasta la plaza Tetuán para esperar a uno de los autobuses nocturnos, el 80 concretamente, que pasó sobre la 1,15. Sobre las 2 llegamos a la plaza Granollers, y de allí, a casa. Un fin de semana completito, sí señor. Y lo bien que nos lo pasamos...
Yo también soy charnego
En una conversación con José María Fidalgo, hace unos días el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, dijo que Cataluña no estaba preparada para tener un President de la Generalitat charnego, en alusión al también ministro José Montilla. Está claro que Sevilla pecó de ingenuo al no darse cuenta de que había micrófonos por allí mientras soltaba esas lindezas, pero creo que de vez en cuando está bien saber qué piensan en realidad los políticos, más allá de lo que declaran en público.Tras el desliz de Sevilla, los diferentes líderes de los partidos políticos pidieron una disculpa por parte del ministro. Finalmente, Sevilla no ha tenido más remedio que disculparse ante Montilla. Pero el comentario ya estaba hecho.Está claro que mal iríamos si se vetara a una persona para ejercer cualquier cargo en función de su origen, pero, como bien señala hoy Francesc de Carreras en La Vanguardia, “en la selección de ciertos cargos públicos, las prevenciones sobre la idoneidad de un candidato en el caso de que no sea catalán de nacimiento sigue siendo una de las reglas no escritas de la política catalana”. Puede sonar un poco fuerte, pero a los hechos me remito. He estado echando un vistazo a los nombres y apellidos de los diputados del parlamento catalán, y de los 135 que hay en total, tan sólo 34 tienen algún apellido de origen no catalán. Esto representa solamente un 25%. De los 46 de CiU, solamente 8 tienen algún apellido charnego; de los 42 del PSC, 13; de los 23 de ERC, 4; de los 15 del PP, 8; i de los 9 de ICV, tan sólo uno. Vamos, que no es que haya muchos charnegos en el Parlament si tenemos en cuenta todos los que hay en la sociedad catalana. Si, como hace De Carreras en su artículo, nos fijamos en los Consellers, observaremos que no hay ni un solo apellido charnego.Y es que los diez apellidos más frecuentes en Cataluña son, por este orden, los siguientes: García, Martínez, López, Sánchez, Fernández, Rodríguez, Pérez, González, Gómez y Ruiz. Es decir, todos de origen charnego. Tres cuartos de lo mismo pasa si nos fijamos en los nombres de pila. En los hombres hayamos entre los cinco primeros a José, Antonio, Francisco, Juan y Manuel, y en las mujeres, Maria (o María), Montserrat, Carmen, María del Carmen y Josefa. Vamos, que, como bien dice De Carreras, “es evidente que en Catalunya hay una verdad oficial y una verdad real”.Pero volvamos a lo que dijo Jordi Sevilla. ¿Por qué los líderes políticos se han sorprendido tanto de su comentario sobre el origen charnego de Montilla? Yo, la verdad sea dicha, solamente lo puedo achacar a una falta fehaciente de conocimiento de la realidad social catalana. El caso es que convierto en pregunta la afirmación de Sevilla: ¿está Cataluña preparada para tener un President charnego? Yo personalmente no me atrevería a afirmar rotundamente que sí. Y no por lo que pudiera opinar al respecto la sociedad catalana en general, sino a lo que diría (o mejor dicho, pensaría) la clase política en particular, y muy concretamente los sectores nacionalistas.
Que decir la palabra “charnego” no es políticamente correcto, por las connotaciones negativas que arrastra, es una obviedad, y por ello cuando se vierten comentarios como los de Sevilla hay quien se echa las manos a la cabeza. Bajo mi punto de vista, es un error clasificar a la sociedad por el origen geográfico de las personas que la conforman, pero no está de más observar de vez en cuando cómo estos orígenes geográficos de los que hablo se traducen en la representación de la soberanía popular. Como se puede observar, esta traducción tiene unos déficits muy grandes en el caso catalán.El caso es que yo, como Montilla, soy charnego, y me da igual utilizar este sustantivo, pues no lo considero un insulto, sino más bien un orgullo. El problema es que el nacionalismo se ha encargado durante muchísimos años de vender una verdad oficial según la cual todo el mundo hablaba catalán en casa, los chicos se llamaban Jordi y las chicas Montserrat, etc. Que mucha gente con nombre de pila castellano haya decidido cambiárselo por su equivalente al catalán no es una casualidad, y no me vengan con la historia de la integración. Yo, en cambio, me llamo y me seguiré llamando Miguel. Más allá de la caricatura, los daños de esta verdad oficial nacionalista, en la que incluso a veces caen los partidos no-nacionalistas, y muy preocupantemente los partidos de izquierdas, han sido muchos, pero aún estamos a tiempo de repararlos. Y comentarios como los del ministro Sevilla, aunque no lo parezca, pueden ayudar.Que la realidad social catalana es muy diferente a la oficial-nacionalista está claro, no hay más que darse una vuelta por la calle. Pero lo preocupante es que esta verdad oficial siga teniendo vigencia y que no se haga nada por cambiarla. Encima el PP, con su habitual demagogia, lo aprovecha para verter mentiras del tipo “en Cataluña no se puede uno expresar en castellano libremente”. Pero vaya, esto a los nacionalistas ya les va bien.Por suerte en el mundo municipal existe una representación según el origen mucho más adecuada, y yo particularmente me siento orgulloso de tener un alcalde nacido en Melilla. Confiemos en que el hecho de que en el Parlament haya pocos charnegos se deba simplemente a la casualidad. Mientras tanto, a mí me seguirá dando igual que mis amigos sean charnegos, de padres y abuelos catalanes, sudamericanos o africanos. Y me dará igual hablar con ellos en castellano, en catalán o en inglés. Y si me da igual el origen de mis amigos, ¿por qué no me va a dar igual el origen de los políticos que me representan?