Hoy
se cumplen diez años del 11-M. Se ha escrito mucho sobre los atentados de los
trenes de Madrid. La justicia se ha encargado de esclarecer quienes los
cometieron y quienes los idearon. Se ha mentido mucho, se ha hecho mucho daño y
parece que, por fin, diez años después, solamente unos cuantos ultras sostienen
aún la patraña de la llamada "teoría de la conspiración". Mientras
tanto, las familias de las personas asesinadas se han visto abocadas
injustamente a un calvario que no se le puede desear a nadie, y que muy
probablemente nunca acabará del todo. Primero, perdieron a sus hijos, parejas,
familiares, amigos y compañeros en aquellos trenes, y luego, por obra y gracia
de la ultraderecha española y sus acólitos, se vieron abocados a un infierno de
manipulación, embustes y desvergüenza que parecía no tener fin. Y todo con la
intención de recoger unos cuantos miserables votos, a cambio de hacer el daño
que hiciera falta a las familias de los fallecidos. Sin compasión. Sin corazón.
Supongo
que todos y cada uno de nosotros recordamos qué hacíamos aquella mañana del 11
de marzo de 2004. Aquel día yo me levanté, como solía hacer en aquella época, a
eso de las 8 de la mañana. Mi madre andaba por casa, a punto de marcharse a
trabajar. Me dijo que pusiera un momento la televisión, que parecía que había
tenido lugar un atentado de ETA en Madrid. Las informaciones eran confusas aún,
no se sabía a ciencia cierta qué había pasado exactamente. Con aquella
incertidumbre me fui caminando al trabajo, a la sede de CCOO en Mataró, donde
trabajaba entonces, siendo aún un joven recién licenciado de 23 años. Tenía
unos veinticinco minutos a pie. Recuerdo que llegué al sindicato y empezamos a
comentar lo que estaba pasando en Madrid con los compañeros Jaume Roig y Ramon
Prat. Las informaciones se iban precipitando, pero aún no éramos conscientes de
la magnitud de la tragedia. A las pocas horas ya sabíamos que estábamos ante
uno de los atentados más salvajes de nuestra historia. Aquella mañana prácticamente
no trabajamos. Estábamos más pendientes de la radio y de Internet que de
cualquier otra cosa. Yo pensaba en mis amigos de Madrid. Hacía apenas unos
meses que había vuelto de aquella maravillosa ciudad, después de un año
estudiando un programa de doctorado en la Universidad Complutense. Me acordaba
de Carlos, de Tamara, de Jimena, de Mariví... De mi gente madrileña. Esa mañana
nos intercambiamos unos mensajes de SMS. Por suerte ninguno de ellos iba en
aquellos trenes. Pero sí muchas otras personas, personas de bien que se
dirigían al trabajo, a la escuela, a la universidad... Personas que perdieron
su vida injustamente, por culpa de unos terroristas fanáticos y sin corazón.

Hoy,
diez años después, repaso la prensa de aquellos días. Tengo por costumbre
guardar ejemplares de periódicos de fechas importantes. He estado buscando por
casa y tengo los diarios El País de los días 12, 13 y 15 de marzo. La edición
especial del 11-M, que salió a media mañana aquel fatídico día, no pude
conseguirla. En Mataró me fue imposible. Creo que es un ejercicio recomendable
repasar diarios de tiempo atrás. No es lo mismo buscar en las hemerotecas
digitales de los diferentes periódicos que tocar con las manos las hojas, ya
amarillentas y con olor a viejo, de los diarios de aquellos días. Mi
admiradísimo Antonio Muñoz Molina, en su magistral "Todo lo que era
sólido", lo explica con una perfección imposible de imitar:
"Ahí está el tiempo, en
estado puro, en presente, no sólo en las palabras escritas y en las fotografías
sino también en el tacto, en el olor del papel, el tiempo rozado y olido, tan
respirable como el aire de una habitación que permaneció años cerrada. Podría
consultar el periódico en Internet, pero no es lo mismo. En Internet todo queda
igualado por la asepsia de la pantalla y la celeridad de las búsquedas.
Trabajando en casa he indagado en Internet noticias de 2007 y de 2008, pero no
he tenido la posibilidad de deambular por las páginas, la plaza pública de los
titulares de portada y también los callejones de los anuncios por palabras, los
callejones sórdidos de los anuncios de prostitución, de perderme en las tupidas
páginas de ofertas inmobiliarias, de distraerme con alguna información menor
que en apariencia no tiene nada que ver con lo que yo buscaba pero que acaba
siendo mucho más reveladora que una noticia espectacular".
Repaso aquellos diarios de los
días inmediatamente posteriores al 11-M y no puedo dejar de sorprenderme. Las
fotos, que hace tan sólo diez años aún eran en blanco y negro, son escalofriantes.
Algunas, innecesarias. El paso de los años hace que uno mezcle los hechos, y
más todavía en un caso tan sobado y manipulado como el 11-M. En la edición de
El País del día 12 la portada reza, en letras grandes: "Infierno
terrorista en Madrid: 192 muertos y 1.400 heridos". El subtitular recoge:
"Interior investiga la pista de Al Qaeda sin descartar a ETA". Pues
bien, el mismo día 12, apenas unas horas después de los atentados, ya se intuía
que aquello no tenía pinta que fuese obra de ETA. Ya se apuntaba a Al Qaeda. A
pesar de ello, el ministro Acebes, que siempre cargará con el peso de ser la
cara visible de las mentiras del gobierno del PP durante aquellos días,
insistía en que "la línea esencial sigue siendo ETA". En la página 18
de El País de aquel 12 de marzo había un artículo que llevaba por título:
"El cambio de mensaje del ministro Acebes". Efectivamente: por la
mañana el abulense dijo que era "absolutamente intolerable cualquier tipo
de intoxicación que vaya dirigido por parte de miserables a desviar el objetivo
y los responsables de esta tragedia y de este drama". Por la tarde, Acebes
varió su mensaje inicial y ya no descartaba ninguna opción. En las páginas de
El País, artículos de referentes como Josep Ramoneda o Ernesto Ekaizer (pág.
21) ya indicaban que detrás de aquella masacre tenía que estar Al Qaeda.
Ignacio Sánchez-Cuenca, en la página 30, otorgaba aún la autoría a la banda
terrorista ETA. También lo hacía Javier Marías en la página 45. Estoy
convencido de que tan sólo unas horas después no hubieran firmado aquellos
artículos. Recuerden que José María Aznar llamó personalmente a los directores
de los principales diarios españoles para insistir en el convencimiento de que
ETA era la responsable de los atentados. En la página 46 se recogen las declaraciones
del líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, y del coordinador
general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. Zapatero llamaba a la unidad de
la nación contra el terror, mientras que Llamazares creía que la división de
los demócratas sería imperdonable y rechazaba el uso político de atentados. Un
uso político al que siempre ha recurrido el PP. Ya saben, "contra ETA
vivíamos mejor". Ahora que ETA, afortunadamente, está acabada, parece que
determinados líderes populares tengan nostalgia de épocas muy negras del
terrorismo en España. Parece que no hayan podido asumir que ETA anunció el cese
definitivo de su actividad armada con Zapatero como presidente del Gobierno y
Rubalcaba como ministro del Interior.
Los días siguientes, no lo olvidemos,
a las puertas de las elecciones generales del domingo 14-M, el gobierno del PP
insistió en la autoría de ETA. Seguimos con lo de siempre: "contra ETA
vivíamos mejor". Si no, ¿por qué preferían que hubiese sido ETA quien
perpetró el peor atentado de la historia del país y no Al Qaeda? ¿Por qué no se
cansan de decir, hasta la saciedad, que perdieron aquellas elecciones del 2004
por culpa de los atentados? ¡Ah, amigo! La indignación popular fue aumentando y
todo derivó en una jornada electoral en la que la gente acudió en masa a las
urnas. Mucha gente votó contra la mentira. Contra la mentira que lleva en su
ADN el PP. Aquel 14-M, como de costumbre, hice de apoderado de ICV-EUiA en mi
colegio electoral. Después, celebré los resultados electorales en la sede de
ICV de la calle San Joaquín de Mataró. Una celebración contenida, como no podía
ser de otra manera. Y debo reconocer que, cuando la victoria de Zapatero ya era
un hecho, me dirigí junto a otros compañeros a la sede del PP, que entonces
estaba situada en La Rambla. Había más gente, y tengo aún fresco el recuerdo
del amigo periodista Cugat Comas gritando como un loco. Supongo que no le
importará que recuerde este hecho. Aún estábamos indignados, y una manera
sencilla de desahogarnos era gritar cuatro improperios a los representantes de la mentira en nuestra
ciudad.

El País del 13-M abría su
edición con una foto de la multitudinaria manifestación de Madrid. "España
se echa a la calle", titulaba en portada. Otro titular decía: "Aznar
y Acebes insisten en apuntar a ETA y la banda lo desmiente". En las
calles, el famoso "quién ha sido" ya iba de boca en boca. En la
página 26, otro titular significativo: "Palacio instruye a todos los
embajadores para que confirmen la responsabilidad de ETA". En la página
siguiente, se recoge una cronología de los hechos y declaraciones de diferentes
líderes políticos. El desconcierto del Gobierno era evidente. En la página 28,
otro titular destacable: "Aznar no aclara si el autor de los atentados es
ETA o el terrorismo islámico". ¿Pero cómo lo iba a aclarar? ¡No le
interesaba!

La edición del lunes 15-M
recoge la victoria electoral del PSOE. En portada aparecía el siguiente
titular, junto a una fotografía de Zapatero levantando el pulgar de su mano
derecha: "Zapatero derrota a Rajoy en un vuelco electoral sin
precedentes". Ese "vuelco" del que hablaba el diario madrileño
hacía referencia a aquel resultado sorprendente, pues las encuestas recientes
apuntaban a una victoria clara del PP. Yo, en honor a la verdad, tuve siempre
el convencimiento de que el PSOE podía ganar las elecciones. Ahora es fácil
decirlo, pero es que fue realmente así. Recuerdo que mi compañero Ramon Prat
decía que me equivocaba, que el PP vencería. Después del 14-M me lo siguió
diciendo, argumentando que los atentados tuvieron una influencia decisiva en el
resultado electoral. Puede que tuviera razón, pero sigo pensando que el PP no
hubiera ganado igualmente aquellas elecciones. Pero eso nunca lo sabremos.
Abro la primera página de la
sección Internacional de El País de aquel lunes 15 de marzo y aparece Putin. La
omnipresencia de este hombre nunca dejará de sorprenderme. "Putin es
reelegido presidente de Rusia con una aplastante mayoría de votos", pone
en la página 2. En la siguiente, "Georgia, al borde de una nueva guerra
civil". Pasan los años y siguen los problemas en las ex-repúblicas
soviéticas. Y Putin, como no, en todos los fregados.

Sobre la resaca electoral, Juan
Luis Cebrián titulaba un artículo de opinión con un elocuente "De la
mentira". Creo que no es necesario explicar de qué hablaba. En las páginas
siguientes a las dedicadas a las elecciones una evidencia: aquellos atentados
del 11-M los habían cometido islamistas. La hipótesis de ETA ya no aparecía en
aquellas páginas. Seguramente si hoy estuviera revisando una edición de El
Mundo los titulares serían absolutamente diferentes. Capítulo a parte merecería
el trato que Pedro J. Ramírez dio a los atentados del 11-M y todo lo que vino
después en las páginas de su diario. Incluida la cinta de casete de la Orquesta
Mondragón y la tarjeta de Gráficas Bilbaínas. Incluidas las entrevistas al
minero sinvergüenza Suárez Trashorras. El paso del tiempo, la sentencia
judicial y las evidencias creo que están poniendo a cada uno en su sitio. Hoy,
por suerte, la "teoría de la conspiración" tiene más atributos de
novela negra que de crónica periodística seria.

Diez años justos después de la
tragedia a uno se le pone mal cuerpo viendo los reportajes que emiten por
televisión o leyendo las páginas de los diarios, que recuerdan los
acontecimientos de aquellos días tan duros e intensos. Uno piensa: ¿por qué ha
tenido que sufrir tanto aquella gente? ¿Por qué tuvieron que morir asesinadas
casi doscientas personas? Me emociono cada vez que veo a Pilar Manjón, no puedo
evitarlo. En El País TV podemos ver estos días un documental en seis entregas
sobre el 11-M. Cada una de ellas dura unos diez minutos. Merece la pena verlo.
Me quedo con la imagen de Zahíra Obaya, una joven gravemente herida aquel 11-M,
practicando el surfing en la playa. Escapó de la muerte y hoy se refugia en el
mar. Las víctimas de tragedias como aquella nos dan lecciones que te hielan el
corazón, como diría Machado. Pero por desgracia, a menudo hay quien intenta
helárnoslo.
Eduardo Mendoza, en su columna
de la contraportada de El País de aquel 15-M, decía, brillantemente:
"Éramos soldados alistados sin saberlo en una guerra y acabamos de sufrir
una formidable derrota. No hay más allá".
7 comentarios:
Magistral
De
Carme Hernández Guillén, A las
11/3/14 18:32
M'ha agradat molt, Miguel.
Quico
De
Quico Villà, A las
11/3/14 18:59
M'ha agradat molt tot el procès i la forma en que està escrit.
Estupendo.
De
Unknown, A las
11/3/14 19:29
Muy buen artículo Miguel, yo estaba tomando un café en la estación de cercanías de Granollers. Está bien escrito,,,, gracias por compartirlo.
Un abrazo.
Aldo
De
Anónimo, A las
12/3/14 08:45
Gracies, Miguel. Esta molt bé. Jo en aquella epoca encara vivia a Madrid, pero ja no vivia a Atocha. Aquell dia em va despertar la meva mare amb una trucada molt angoixada. Em va preguntar: Laia, on ets? I li vaig dir: a casa, dormint. I llavors ella va respirar.
Quina tragedia, realment. Una abracada! Laia
De
Anónimo, A las
12/3/14 23:31
Estoy totalmente deacuerdo, Miguel.
Gracias por recordarnos la historia. Deberiamos tener presente los hechos y mentiras que no deberian repetirse....
Óscar M.
De
Anónimo, A las
16/3/14 00:07
Molt bon article, llegint-lo he recordat nítidament aquell dia, tenia 26 anys i vaig anar a treballar com cada matí a les 8, algú ho va comentar i no ens ho podiem creure fins que vam veure aquelles imatges dantesques, aquell silenci dolorós no l´oblidaré mai...malauradament aquests fets et fan valorar la vida i el que és realment important, però se´ns oblida ràpid.
De
Anónimo, A las
17/3/14 16:58
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio