El blog de Miguel Guillen Burguillos

6.3.16

Los campos de concentración de Franco. Gracias, Jordi Évole

Escribo esto en caliente, después de ver el "Salvados" de hoy, que Jordi Évole ha dedicado a los campos de concentración de Franco, en los que trabajaron a la fuerza miles de presos políticos republicanos después de la Guerra Civil. Entre ellos, estuvo mi abuelo Miguel, que si hoy viviera tendría 99 años, los mismos que el héroe del programa de hoy, Luis Ortiz. Veo y escucho a Luis y me acuerdo de mi abuelo. Me acuerdo de cuando me hablaba de los campos de concentración en los que estuvo cuando acabó la guerra. Y recuerdo que al principio aquello me sonaba raro. No entendía que en España hubieran existido los campos de concentración. Aquello en la Alemania nazi sí, pero en España... Pues bien, existieron, vaya si existieron. Mi abuelo Miguel estuvo en concreto en el Batallón de Trabajadores número 11, un campo de concentración entre Tarifa y Algeciras. Allí trabajó en la construcción de la fortificación de la Bahía de Algeciras, la llamada "Muralla del Estrecho", durante más de ocho meses. Consultando en internet, te enteras de que se trataba de una construcción que fue uno de los principales proyectos llevados a cabo por el régimen franquista en los primeros años de la posguerra para garantizar la estabilidad de la frontera entre España y Gibraltar ante eventuales ataques aliados:



Del Batallón de Trabajadores número 11, enviaron a mi abuelo al número 36, en Tetuán, una zona del norte de Marruecos que entonces era territorio español y donde permaneció más de siete meses. Luis Ortiz trabajó en la construcción de una carretera en Oiartzun (Guipúzcoa), mientras que mi abuelo estuvo en el sur de España construyendo la "Muralla del Estrecho" y después en el norte de África. Como bien ha dicho Luis en el reportaje de Évole, los jóvenes de hoy prácticamente desconocen toda esta historia. Desgraciadamente.

Hace algo más de cuatro años, conseguí después de algunos trámites, firmada del puño y letra del ministro de Justicia de entonces (socialista), Francisco Caamaño, una declaración de reparación y reconocimiento personal, acreditando que mi abuelo sufrió persecución por razones políticas e ideológicas, siendo injustamente destinado a prestar servicios forzosos en dos batallones de trabajadores. Algo es algo. Insuficiente, pero algo. Hoy, dudo que un ministro del PP hubiera firmado aquel documento, que orgullosamente tengo enmarcado en una pared de mi casa.


Héroes anónimos como mi abuelo Miguel o Luis Ortiz siguen desgraciadamente en el olvido. Como los campos de concentración de Franco, una muestra más de la ignominia que representó el régimen fascista en nuestro país. Luego vendrán los herederos directos del fascismo a dar lecciones de democracia y convivencia. Nos dirán demagógicamente que no debemos abrir heridas, sino mirar al futuro. Pues bien, señores: sus padres y sus abuelos se cagaron en nuestros muertos. Nosotros no estamos pidiendo hacer lo mismo, ¡sólo faltaría! Solamente pedimos que se sepa que lo hicieron. Que se cagaron en nuestros muertos y que encima lo celebraron durante años. Fíjense si pedimos poco. Hoy, y gracias a Jordi Évole y a "Salvados", quizás se haya hecho un poquito de justicia. Gracias eternas.

1 comentarios:

  • Molt bé Miguel.Se m'ha fet un nus al coll. Els que van estar al costat de la República s'ho mereixen.

    De Blogger Josep, A las 7/3/16 09:10  

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