Que
Alberto Garzón sea el líder político nacional mejor valorado no es casualidad.
Según los datos de la encuesta publicada por el Centro de Investigaciones
Sociológicas (CIS) hace unos días, Garzón es el único que aprueba, con una nota
de un 5,23. Todos los demás líderes nacionales suspenden. Un dato muy
importante. Un dato a tener muy en cuenta de cara a la segunda vuelta del 26 de
junio, porque no es moco de pavo contar con el líder mejor valorado en tu
candidatura. Y ese líder, a día de hoy, no es otro que Alberto Garzón,
militante de Izquierda Unida (IU).
El
político malagueño ha tenido que luchar contra viento y marea. En su casa y
fuera de ella. Y ha conseguido resistir en un entorno absolutamente hostil. El
casi un millón de votos conseguido por IU en las pasadas elecciones generales
tiene un mérito que creo que no se ha valorado lo suficiente. Y gran parte de
ese mérito es de Alberto Garzón. No solamente suyo, pero a nadie se le escapa
que la imagen de Garzón ayuda (y mucho) a que una fuerza histórica e
imprescindible como IU no haya acabado por convertirse en extraparlamentaria.
Pero
hablemos de lo que se nos avecina. Una virtud incuestionable de Garzón es la
audacia. Ha sabido leer la situación política del país desde el primer momento,
insistiendo en la necesidad de confluir, de ser más, de sumar. Porque sin suma
no hay victoria posible. Y por fin parece que Podemos e IU, junto a En Comú
Podem, En Marea, Compromís, Equo, Més, etc., confluirán para presentar
candidaturas unitarias en toda España. Una excelente noticia. Porque no
olvidemos tampoco que la injusta distribución de la ley electoral por
circunscripciones provinciales hace que se pierdan cientos de miles de votos si
se va por separado. Tengamos en cuenta que IU obtuvo el pasado 20 de diciembre
solamente dos diputados (los dos por Madrid) con casi un millón de votos. Eso
quiere decir que los sufragios de toda la gente que votó a IU fuera de la
provincia de Madrid (más de 700.000) se perdieron. Indignante pero cierto.

La
militancia de IU ya ha apoyado en su consulta que la formación concurra en
coalición con Podemos y otras fuerzas políticas a las elecciones del 26 de
junio. El partido morado consultará a sus bases en unos días, y todo parece
indicar que se va por buen camino. PSOE y también PP ya se han puesto a
temblar. Saben que la suma de las diferentes organizaciones de izquierdas puede
producir un efecto multiplicador de dimensiones desconocidas. Que los medios de
comunicación y persuasión afines al bipartidismo no cesen en su ataque a esta
confluencia es sintomático.
Creo
sinceramente que el compañero Gaspar Llamazares, alguien a quien admiro
profundamente, se equivoca al no apostar por la confluencia. El otro día
declaraba que ésta no le iría bien a IU. Pues bien, creo que aquí está la
clave: no se trata de que le vaya bien a IU, se trata de ganar las elecciones
para poder gobernar y aplicar políticas a favor de la gente común. No lo
perdamos de vista. Y no se trata de hacer el sorpasso al PSOE, se trata
de hacérselo al PP, como bien apunta a menudo Pablo Iglesias. No es momento de
reivindicar un patriotismo de siglas. Y si hay que renunciar a ellas, ¿qué
problema hay? La generosidad de ICV y EUiA en Cataluña o Esquerda Unida en
Galicia marcan la senda. Dos comunidades donde se han obtenido excelentes
resultados, no lo olvidemos.
Hay
que agradecer el papel de Alberto Garzón y la buena gente de IU en todo este
proceso de confluencia. Una confluencia que debe servir, en primer lugar, para
infundir miedo a los poderes fácticos del bipartidismo (ahora apuntalado con
Ciudadanos), y después, para ilusionar, multiplicar resultados y ganar. Quizá
haya una sola oportunidad y sería imperdonable no aprovecharla.
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