
En
el sistema electoral español no existe formalmente la segunda vuelta, algo que
encontramos, por citar un ejemplo muy conocido, en las elecciones
presidenciales de Francia. En el país vecino, como sabemos, se vota en una
primera vuelta la candidatura que se quiera, entre un abanico más o menos
amplio, y después pasan a la segunda vuelta las dos opciones más votadas. En
España, por primera vez desde la aprobación de la constitución vigente, han
quedado convocadas automáticamente unas nuevas elecciones por el fracaso en la
investidura de un nuevo gobierno. Vamos, políticamente hablando, hacia una
segunda vuelta. Esta expresión tiene sin duda detractores en nuestro país,
porque si nos ceñimos a la legalidad vigente queda claro que no se puede hablar
de una segunda vuelta propiamente dicha. Pero opino que, en términos políticos,
hay que hablar necesariamente de segunda vuelta. Y perdonen por repetir tantas
veces en tan pocas líneas la misma expresión, pero es que tenemos que ser
conscientes de a dónde vamos y qué nos jugamos en estas nuevas elecciones.
Los casi
cinco meses que han transcurrido desde el 20 de diciembre han servido para confirmar,
en primer lugar, que en el mapa político español se ha producido un terremoto
sin precedentes. El bipartidismo ha quedado tocado de muerte y dependerá de los
resultados del próximo 26 de junio que podamos hablar, por fin, de la defunción
del turnismo de la segunda restauración borbónica. Cánovas y Sagasta,
conservadores y liberales. Rajoy y Sánchez, PP y PSOE. Un bipartidismo que ahora
cuenta con la muleta de Ciudadanos, algo que ha quedado meridianamente claro en
estos meses de sainete político-mediático, con un Albert Rivera que ha insistido
una y mil veces en su apuesta por una grosse koalition a la española.

Hablo
de segunda vuelta porque el 20 de diciembre votamos entre diversas opciones,
sin saber demasiado bien por qué pactos apostaba cada una de ellas. Ahora ya lo
tenemos claro, y el 26 de junio podremos decidir si queremos un cambio político
o no. Así pues, tenemos a un lado del tablero a PP, PSOE, Ciudadanos y los
poderes fácticos económicos y mediáticos afines (que en realidad son quienes
mandan, y mucho, sin que nadie los haya votado), y en el otro la gente del
cambio (Podemos, IU, En Comú Podem, En Marea, Compromís y muchas más personas
sin adscripción partidista que confluyen para ganar). No les quepa duda: la
campaña se polarizará como nunca y la confluencia de la gente del cambio será
el blanco de todos los ataques. Porque el acuerdo entre Podemos e IU les ha
puesto a temblar. Porque saben que servirá para multiplicar y movilizar a mucha
gente que reclama la unidad desde hace tiempo. Y recuerden: los poderosos no
dudarán en hacer uso de todas las malas artes de las que disponen, falsedades y
calumnias incluidas. La batalla ha comenzado, no hace falta más que leer las
portadas de los diarios del establishment en los últimos días. Que ABC,
La Razón o El Mundo se preocupen por la supervivencia de las siglas de
Izquierda Unida no puede hacer más que esbozar una sonrisa en nuestros labios. Porque
no lo olvidemos, la sonrisa no podemos perderla nunca.
Repito:
nos dirigimos a una segunda vuelta. Y tenemos dos opciones: cambio o
resignación, así de claro y de crudo. O bajamos la cabeza o la levantamos y nos
ponemos a trabajar para ganar y echarlos.
Publicado en Público (13-5-2016)
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