"Ni
nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar"
Estos
días de enero Marcelino Camacho hubiera cumplido cien años. Un siglo de lucha,
dignidad y compromiso, tres de las características definitorias de la
trayectoria vital, sindical y política del sindicalista y militante comunista
soriano. Conviene recordar especialmente en estos tiempos a figuras
imprescindibles del movimiento obrero de nuestro país como Camacho, y la
conmemoración de su centenario se antoja como una oportunidad de oro para
reivindicar la vigencia de los valores que él defendió durante toda su vida. Desde
aquí quiero aplaudir la iniciativa de su sindicato, CCOO, y sus partidos, el
PCE e Izquierda Unida, de organizar diversos actos con motivo de la efeméride.
La ocasión lo merece.
Cuatro
notas biográficas: Marcelino Camacho fue un trabajador metalúrgico, hijo de
ferroviario, comprometido desde muy joven con los valores de izquierdas. Luchó
defendiendo a la República durante la Guerra Civil. Sufrió en los campos de
concentración y en las cárceles franquistas. Organizó las Comisiones Obreras en
la clandestinidad y fue su primer secretario general, cargo que desarrolló
hasta 1987. También fue diputado por el PCE en las Cortes Generales en la
legislatura constituyente y en la primera legislatura de la restauración democrática,
hasta su dimisión a principios de 1981.

Cierto
es que las cosas han cambiado mucho en los últimos tiempos y que el mantra del
fin de las ideologías ha ido calando en amplios sectores de nuestra sociedad,
pero para combatir determinados discursos es conveniente armarse de argumentos
y reivindicar el legado de personas como Marcelino Camacho, estandarte de una
generación que nos ha ido dejando pero cuyo recuerdo debe permanecer más vivo
que nunca. Se dice que esto ya no va ni de izquierdas ni de derechas. Se
insiste en que no hay clases sociales y se machaca a los jóvenes
insistentemente con la idea de que el paraíso está en el consumo y el
individualismo. Háztelo tú. Todo está en tu interior. Si quieres puedes. Los
sindicatos están anticuados, ya no sirven. Los políticos son todos iguales... Pero
si algo ha demostrado la tozuda historia de la humanidad es que si las personas
no nos agrupamos y organizamos para conseguir nuestros objetivos comunes las
élites del poder siempre llevarán las de ganar. Y sabemos que van ganando
aunque nosotros seamos más. Esto Marcelino Camacho y muchos militantes de su
generación lo tuvieron meridianamente claro, y de ahí la importancia del
movimiento obrero (y especialmente el PCE y CCOO) durante la larga noche del
franquismo, algo que interesadamente poco a poco va desapareciendo de los
libros de historia. Sin su lucha, sin su sacrificio y sin su trabajo muchas de
las conquistas sociales de nuestro país nunca hubieran llegado. Porque, a pesar
de lo que muchos creen, no llegaron gratis. Y conviene tener presente que aún
quedan muchas conquistas pendientes, máxime en tiempos de retroceso, corrupción
y expolio. Conviene recordarlo ahora que empieza a calar cierto discurso desde
la izquierda que reniega del papel del PCE o CCOO en la Transición. Sí, quizá
las cosas se pudieron hacer mejor, de eso no hay duda, pero hoy jugamos con
ventaja cuando decimos que se cedió demasiado en aquellos tiempos tan
complicados y violentos, con una correlación de fuerzas extraordinariamente
favorable a los sectores conservadores y herederos del régimen totalitario de
Franco. No digo que se estén despreciando los años de cárcel, torturas, exilio y
sufrimiento de personas como Marcelino Camacho, pero quienes nacimos ya en los
ochenta o incluso más tarde tenemos la obligación de ponernos en el sitio de
aquella generación heroica que se lo jugó todo por nosotros. Todo, también la
libertad y la vida. ¿Cuántos hoy estaríamos dispuestos sinceramente a ello? Por
eso creo que cuando hablamos hoy de presos políticos o exilio debemos ser muy cuidadosos,
recordar a esta generación y huir de la frivolidad velozmente. Y no todo el
mundo lo hace.
Hoy
me pregunto qué pensaría Marcelino Camacho de la situación política que nos
está tocando vivir. ¿Qué pensaría de todo lo que estamos perdiendo las clases
populares en los últimos años? ¿Cómo reivindicaría la vigencia de sus ideales
de juventud? ¿Qué pensaría de las victorias de las derechas y la falta de
entendimiento de las izquierdas? ¿Qué papel jugaría en la construcción de
Unidos Podemos y la unidad de la izquierda transformadora en las Españas? ¿Qué
pensaría de Catalunya y de cómo cierta izquierda ha antepuesto la identidad
nacional a la clase social, pactando incluso con la derecha? ¿Qué pensaría de
Trump, del auge de la extrema derecha en Europa o del Brexit? Nunca lo sabremos,
desgraciadamente. Y no seré yo quien aventure los supuestos pensamientos de
alguien que ya no está entre nosotros.
Hoy
debemos brindar todos por la memoria de Marcelino Camacho. Todos: sindicalistas
de clase, comunistas y gentes de izquierdas en general los primeros, sí. Pero
cualquier demócrata de convicción y corazón debe saber que tiene mucho que
agradecer a aquella generación que Camacho representa como pocos. Porque
aquellos valores que él defendía hoy tienen la máxima vigencia: la defensa de
los derechos de la mayoría ante los injustos abusos de las élites del poder.
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