La
última edición del programa-concurso Operación Triunfo (OT) ha tenido un éxito
que ha saltado de las pantallas de televisión a las conversaciones familiares,
las tertulias de bar e incluso ambientes políticos. Pablo Iglesias dijo hace
unos días que OT es más importante que el Telediario. Y tiene razón. Un buen
lector de Antonio Gramsci lo sabe perfectamente. Pura hegemonía cultural.
El
caso es que aunque no sigas las galas de los lunes, es imposible no conocer
algún detalle de la última edición de OT. A no ser que vivas en una burbuja,
como suele pasarles a determinados dirigentes políticos, absolutamente alejados
de la sociedad a la que deberían servir. Y aunque no falten los guardianes de
las esencias intelectuales y culturales que tachen el programa de populachero y
telebasura, a nadie se le escapa que la capacidad de influencia de los
protagonistas de este concurso puede llegar a ser mucho más importante que la
de algunos supuestos líderes de opinión. Ya veremos.
Revisando
las biografías de los concursantes de la recién acabada edición de OT uno no
puede evitar pensar en la idea de España plurinacional que muchos consideramos
que le va como anillo al dedo a este país de países, nación de naciones, que
habitamos, amamos y odiamos. Las Españas, que decía Ernest Lluch. Hoy falta
demasiada gente que hable más de Españas y menos de la España una, grande y
libre que ni existió jamás ni existirá nunca. Y miras las biografías de ese
grupo de veinteañeros que ya es todo un fenómeno de fans y piensas… ¡Esto es la
España plurinacional! Una productora catalana que realiza un programa de éxito,
bien hecho, para la televisión pública estatal. Un andaluz que conduce el
programa sin esconder su acento. 18 concursantes de diferentes lugares de las
Españas: cuatro catalanes, tres gallegos, dos andaluces, dos canarios, un
madrileño, una navarra, un vasco, un mallorquín, una extremeña, una madrileña
criada en Andalucía y un brasileño criado en Galicia que vive en Madrid. Cierto
es que hay comunidades que no han estado representadas en el certamen y en este
aspecto el concurso ha quedado un poco cojo. Pero el programa ha obtenido
excelentes índices de audiencia en toda la geografía española. En toda.

Ahora
que estamos en año de Mundial de fútbol me viene a la mente aquella mítica
selección española que fue campeona del mundo en 2010. La entrenaba un
castellano-leonés y en sus filas había siete catalanes, tres andaluces, dos
madrileños, dos canarios, dos asturianos, un valenciano, un maño, un
castellano-manchego, un vasco, un navarro, un riojano y un madrileño criado en
Cataluña con corazón cordobés. Deportistas de todas las Españas, aunando
fuerzas y remando en la misma dirección, sorteando un obstáculo tras otro. En
la celebración tras ganar la final a Holanda, Xavi y Puyol se fotografiaron con
una senyera, mientras que Villa sacaba la bandera asturiana y Ramos la
andaluza. Sin problemas, si bien no faltaron los recalcitrantes que se
indignaron porque además de la rojigualda aparecieron otras enseñas sobre el
césped del estadio. Son los mismos que siguen sin entender lo que somos:
diversos en nuestras identidades. Plurales. Ocho años después, ¡cómo han cambiado
las cosas! Las Españas siguen y seguirán siendo plurinacionales, pero mientras
quienes las gobiernan sigan por el mismo camino, mientras se nieguen a escuchar
y a pactar y todo lo fíen a la vía judicial, la convivencia se hará cada vez
más complicada. El pesimismo de la razón, razón que algunos no encontrarán
nunca. Disculpen pero es así.
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