Prólogo al libro "Siempre en la brecha", memorias de Antonio Rodríguez Avellaneda
Si de algo me puedo sentir orgullosamente responsable es de haber insistido en numerosas ocasiones a Antonio de la necesidad de poner negro sobre blanco sus memorias políticas, tarea en la que me ha ayudado su querida compañera Juani Cantero. Los años van pasando y aquella generación heroica de la que él forma parte, y a la que debemos tantas cosas quienes venimos detrás, tiene mucho que contar a quienes no vivimos los intensos años de la lucha antifranquista, la Transición y los difíciles inicios de la restauración de la democracia en nuestro país, en nuestras ciudades y en nuestros barrios. Y Antonio representa como pocos aquella generación que arriesgó su vida y se batió el cobre en unos años muy duros y muy oscuros, cuando lo fácil era quedarse en casa a esperar tiempos mejores, que fue lo que hizo la mayoría. Por eso Antonio pertenece a aquella minoría imprescindible sin cuya lucha hoy viviríamos en una sociedad aún peor. Él es uno de aquellos héroes anónimos a quienes los jóvenes y no tan jóvenes debemos tanto.
No quiero anticipar el contenido de este libro, pero sí me quiero referir sucintamente al papel de la gente del PSUC (y del PCE) y de CCOO en la lucha antifranquista. Antonio lo explica mucho mejor que yo y ofrece numerosos detalles de su militancia en estas formaciones, a las que dedicó muchas horas de su vida, pero creo que es de justicia recordar que la tradición política comunista, y en particular la representada por el PSUC y el PCE, a nivel político, y CCOO a nivel sindical, tuvo un papel protagonista y hegemónico durante la dictadura totalitaria franquista. Hoy, décadas después de la muerte del dictador, es fácil presentar una visión interesada de la historia y manipularla al gusto, máxime cuando se disponen de los medios (privados y públicos) y de los recursos necesarios. Por eso es tan importante que militantes como Antonio expliquen en primera persona su papel en la lucha antifranquista, porque corremos el riesgo de que nos la acaben contando aquellos que no movieron un dedo en aquellos años a pesar de que tenían la edad suficiente para hacerlo. Porque con la lucha antifranquista empieza a pasar lo mismo que con Mayo del 68, que parece que todo el mundo estuvo en París. Y sabemos que no fue así.
Lo cierto es que la lucha antifranquista, con los comunistas del PCE, del PSUC y las CCOO a la cabeza, la formaron un puñado de hombres y mujeres que se dejaron la piel y arriesgaron su futuro y su vida soñando con una sociedad mejor, más justa y en democracia. Un puñado de valientes que eran una minoría, no lo olvidemos, porque no cabe duda de que si hubieran sido muchos más el dictador no hubiera muerto en la cama. Y aún así, su papel fue determinante. Porque aquella correlación de debilidades de la que hablaba Manolo Vázquez Montalbán, militante también del PSUC, hubiera sido mucho más desfavorable para las clases populares si los comunistas no se hubieran ganado a pulso su prestigio encabezando la lucha democrática contra el franquismo. Otro gallo hubiera cantado en aquellos años sin los comunistas, su poder organizativo, su generosidad y su visión política. Porque también me parece ventajista criticar, cuarenta años después, las concesiones que se hicieron desde la izquierda. ¿De verdad somos conscientes de que se salía de una dura dictadura de cuatro décadas de duración y que existía un ensordecedor ruido de sables? Yo, lo siento mucho, no me apuntaré gregariamente a esa línea que han adoptado muchos compañeros de generación (generación, no lo olvidemos, nacida en democracia) que censuran el trabajo y la lucha de nuestros mayores en circunstancias muy adversas. No me parece justo. Creo que conviene huir del adanismo, máxime cuando el espacio político del que formamos parte tiene una larga historia de la que creo que debemos sentirnos orgullosos. Porque venimos de lejos y vamos aún más lejos.
Antonio representa el arquetipo de militante que esta sociedad líquida a la que se refería Bauman tiende a infravalorar e incluso menospreciar. Hoy la militancia política consiste para algunos en dar lecciones desde las redes sociales, sentados cómodamente en el sofá de casa, o votando telemáticamente en las plataformas que los propios partidos ponen a disposición de los inscritos. Porque hoy se habla de inscritos, no de militantes. Y si mañana no estás de acuerdo, te das de baja con un simple clic. Antonio representa a la perfección el valor de la militancia como lo representaban aquellos veteranos militantes del PSUC y de CCOO que lucharon infatigablemente para dejar una sociedad un poquito mejor a sus hijos y nietos. El compromiso y la fidelidad son dos valores fundamentales que Antonio sigue practicando. Y hoy que los logros que se alcanzaron arduamente después de años de batalla parecen estar en cuestión, hoy que por primera vez en la historia la generación de los jóvenes vivirá peor que la de sus padres, Antonio y muchos antiguos compañeros siguen en la lucha. En las mareas pensionistas, enfrentándose a los recortes en sanidad o donde sea. Siempre en la brecha, como reza el título de este libro. Y es que los militantes como el autor de estas memorias son verdaderamente una especie en serio riesgo de extinción.
Antonio también ilustra de forma excelente el papel de aquellos cientos de miles de personas que huyeron de la miseria de sus tierras de origen y participaron activamente en la construcción social de la Cataluña contemporánea. Porque creo que no debemos olvidar que si en algún momento hemos podido sentirnos orgullosos de aquel lema de “Catalunya, un sol poble” es fundamentalmente gracias a personas como Antonio, que dejaron atrás su tierra y supieron desde el principio que la de acogida pasaba a ser también la suya. Y que la reivindicación social iba junta con la nacional, bajo una dictadura que no toleraba más que una identidad, una lengua, una cultura, una religión y una forma de pensar. Hoy, la irresponsabilidad de determinados dirigentes políticos ha puesto seriamente en riesgo aquella idea de un solo pueblo, y es preocupante que algo que tardó mucho tiempo y mucho esfuerzo en construirse hoy se pueda venir abajo en pocos instantes por culpa de unos malvados irresponsables. Al final del libro, Antonio reflexiona sobre esta cuestión y creo que es importante tener en cuenta su perspectiva, que es la de alguien que sabe de lo que habla.
Antes de finalizar este prólogo quiero hacer referencia a algo que aparece en estas memorias y que me parece fundamental: el orgullo de Antonio a la hora de referirse a su oficio de albañil. No quiero anticipar sus palabras, pero la manera en que se refiere al arte de la albañilería dice mucho de la concepción que tiene nuestro protagonista del trabajo. De la dignidad del trabajo bien hecho.
Estas memorias que Antonio ha tenido la generosidad de querer compartir con todos nosotros me parecen fundamentales. Fundamentales para todos aquellos que compartimos ideas y anhelos con él, pero también para todos aquellos que quieran conocer de primera mano un capítulo fundamental en la historia de la lucha antifranquista en nuestra ciudad, Mataró, y por extensión, en Cataluña y en España. Gracias, Antonio. Gracias de todo corazón.
Prólogo al libro "Siempre en la brecha", memorias de Antonio Rodríguez Avellaneda (ISBN 978-8494524547)







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