Manuela Carmena en Mataró
Unas cuantas personas (Sarai Martínez, Sergio Morales, Enric Rivera, Pep Illa, Esteban Martínez, Joan Coscubiela y un servidor), mientras tanto, estábamos en el edificio histórico del ayuntamiento de Mataró para enseñárselo a Manuela: salón de plenos, sala de los leones... Y bajamos la Riera, atravesamos la plaza de Santa Ana y subimos un trocito de la calle Santa Teresa hasta llegar a la sala de actos de la Fundació Iluro, llena a reventar. Yo me encargué de hacer fotos, antes y durante el acto, y ahora me estoy ocupando de redactar la crónica de esta jornada que muchas personas no olvidaremos fácilmente. Porque no todos los días visita tu ciudad una persona como Manuela Carmena, referente de tantas luchas, más allá de su cargo como alcaldesa de Madrid, una ciudad en la que tuve la suerte de vivir y que considero una de mis casas. Siempre he pensado que los catalanes, si nos parecemos a alguien, es a los madrileños. Pero de eso ya hablaremos otro día.
La génesis de esta conferencia de Carmena se sitúa en una de esas ideas de bombero que acostumbro tener y que sufren algunos compañeros de partido, que son los que luego tienen que remangarse y ponerse manos a la obra para llevarla a cabo. Mi idea fue muy sencilla: se acercaba el 24 de enero y pensaba que en Mataró teníamos que hacer algo para recordar a las personas que fueron vilmente asesinadas aquel día de 1977 en el despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha de Madrid. Tengo la sensación de que estamos perdiendo de vista quienes deberían seguir siendo nuestros referentes, a la vez que organizaciones y personas que no lucharon contra la dictadura (y que en muchos casos tenían edad para hacerlo) hoy quieren levantar la bandera del antifranquismo y patrimonializarla, cuando quien sabe cómo fue aquella historia sabe también que si alguien lideró aquella lucha heroica fueron las gentes del PCE, el PSUC o CCOO. Entre muchas otras organizaciones, sí, pero al César lo que es del César. Y tenemos que seguir teniendo muy claro de donde venimos y reivindicar con orgullo esa línea temporal que nos lleva hasta hoy. Sin duda alguna, hay hechos históricos que marcan tradiciones políticas como la nuestra, y los atentados de Atocha están claramente señalados. O deberían estarlo. Por eso se me ocurrió enviar, como hago a menudo, un mensaje a mi amigo Sergio Morales, hoy jefe del grupo municipal de En Comú Podem Mataró en el ayuntamiento y concejal en el gobierno, que supongo que rápidamente dijo que teníamos que hacer algo para conmemorar la fecha del 24 de enero y rendir homenaje a los compañeros caídos. Cosa que hicimos aquel día por la tarde ante el monumento a las víctimas del franquismo que hay en la Avenida de América. El caso es que mis compañeros con responsabilidades orgánicas en el partido parece que se animaron y dijeron que, además de hacer algo aquel 24 de enero, por qué no invitábamos a Manuela Carmena a Mataró. El "no" ya lo teníamos, como se suele decir. El compañero Pep Illa habló con Joan Coscubiela para que nos ayudara a contactar con Manuela, y la sorpresa fue que ésta aceptó nuestra propuesta. Que venía a Mataró. Que sí, que Manuela Carmena iba a venir a Mataró a hablarnos de la lucha por la recuperación de la democracia y el papel de aquella generación que para nosotros es (o debería ser) una referencia.
A partir de ahí, un grupo de compañeros se pusieron a organizar la jornada. Pep Illa, Pep Comas, Eloi Illa, Juan Ortiz, como mucha otra gente de En Comú Podem Mataró... Raúl de CCOO diseñó el cartel, Imma Font se encargaría de grabar en video la conferencia, la gente de la Fundació Nous Horitzons dio su apoyo logístico, la Fundació Iluro nos acogió... Me dejo gente, seguro, mis disculpas por adelantado. Y hasta ayer, día en que pudimos disfrutar de la visita de Manuela a nuestra ciudad. Pep Illa y Pep Comas fueron a recoger a Manuela y Joan Coscubiela a Barcelona, para traerlos hasta Mataró. Y a eso de las seis y pico de la tarde llegaron al ayuntamiento... Pero eso ya lo hemos explicado.
El acto, que comenzó puntualmente a las siete después de atender a los medios de comunicación locales, se desarrolló de forma sencilla, con las 200 personas que abarrotaban la sala bien atentas y en silencio, con ganas de escuchar a Manuela. Personas de diversa procedencia, ni mucho menos todas ellas pertenecientes al mismo espacio político, cosa que, bajo mi punto de vista, dice mucho de la conferenciante y considero que es una buena noticia que gentes diversas se encuentren para escuchar, para dialogar, para compartir ideas. Me lo comentaba por whatsapp el amigo Carles Estapé, que no pudo acceder a la sala.
La compañera Sarai Martínez dio la bienvenida, mi compañero de batallas de hace ya bastantes años, hoy secretario general de CCOO del Vallès Oriental-Maresme-Osona, Lalo Plata, tomó el turno de palabra, y aquí intento transcribir más o menos lo que dijo. Como siempre, de forma acertada, expresándose bien, claramente y de forma contundente. Sí, no soy objetivo, Lalo es uno de los míos y tiene que notarse:
Gracias a Manuela, y a todos los que habéis hecho posible el acto. Estoy emocionado. Vamos a hablar de transición con gente que hicisteis la Transición. Mi generación también pretende remover el sistema que tenemos. Tenemos muchísimo que mirar y que aprender de vosotros. Desde la generosidad y desde la empatía, que son dos cosas que se nos han quedado en algún tintero. Cataluña se debate en su futuro, el planeta ha dicho stop, los jóvenes han salido a la calle para decirnos que la urgencia va en serio, y las mujeres han tomado el protagonismo con la lucha feminista. Estamos en un tiempo de cambios: ascenso de la ultraderecha... Esto nos lleva a la reflexión, pero también a no hacerlo desde la víscera, sino desde la empatía, la generosidad y el cariño, unos valores que tenemos que referenciar en la gente que ponemos en nuestras instituciones, y que Manuela encarna muy bien.
Manuela cocina a la gente con la que se reúne, y para mí, como gordo y como cocinillas, eso es excepcional y crea un marco, te está ofreciendo algo antes de sentarte a hablar, y eso dice muchas cosas. Haré lo posible por leer tu libro "A los que vienen". Muchas gracias a todos.
Después fue el turno de la compañera Montse Sòria, que en representación de la Fundació Nous Horitzons también ocupaba un lugar en la mesa. Se limitó, brevemente, a dar las gracias a Manuela y al público asistente.
Sarai Martínez fue la encargada de introducir el acto y presentar a Manuela Carmena. Se expresó de la siguiente forma:
Pensamos que hay que reivindicar las luchas que trajeron la democracia a nuestro país, y hay que reclamar también esa manera de hacer basada en los consensos y el diálogo, sobre todo en un momento político como el actual, en el que el frentismo y el no reconocimiento del adversario, desgraciadamente, tienen un excesivo protagonismo.
Hoy más que nunca hay que reivindicar que el diálogo es quizás el principal de los fundamentos de la democracia. Por eso hemos invitado a Manuela, porque es una de las mejores exponentes de aquella generación heroica que se dejó la piel durante la dictadura, que luchó decididamente contra el franquismo, que significa contra el régimen y sus secuaces, que conquistó la democracia y que estuvo al servicio de la clase trabajadora.
Cuando se acercaba el 24 de enero, en una reunión normal y corriente, pensamos que era necesario que en Mataró también recordáramos a tus queridos compañeros del despacho de la calle de Atocha. Además, ya puestos,nos atrevimos a pedirle que vinieras a nuestra ciudad a hablarnos de los fundamentos de nuestra democracia, de sus luchas y el papel protagonista que tuvisteis en aquellos años tan complicados.
Gracias una vez más, Manuela, por aceptar nuestra invitación.
Todas y todos conocéis a Manuela Carmena. Madrileña, madre, abuela, amiga, compañera. Abogada primero y jueza después, militó en el Partido Comunista de España y formó parte de las listas al Congreso en las elecciones de 1977. Fundadora de Juezas y Jueces para la Democracia, fue vocal del Consejo General del Poder Judicial, y también presidenta-relatora del grupo de trabajo sobre detención arbitraria de la ONU. Más recientemente, como persona inquieta que es, ha estado al frente de iniciativas como Cosiendo el Paro, Yayos Emprendedores o Zapatelas. Como sabéis, en 2015 las compañeras y compañeros de Ahora Madrid consiguieron ganar la alcaldía, con Manuela al frente, demostrando que cuando las izquierdas apuestan por el diálogo y la unidad, todo es posible. Y lo demostró con una magnífica gestión al frente del ayuntamiento durante los 4 años de mandato.
Manuela es un referente para muchas personas, y por eso hoy nos hace mucha ilusión que nos pueda acompañar en Mataró. Muchas gracias.
Y ahora sí, era el turno de Manuela Carmena, que ofreció una conferencia extraordinaria, llena de vivencias y sabiduría. Pero mejor leer lo que ella dijo, que fue lo que sigue:
Muchísimas gracias por venir a pensar que tenemos que debatir, explicar, escuchar... Una de las más bellas actividades cívicas es pensar en común, intercambiar ideas, reflexionar. Muchas gracias a todos y a todas. Muchísimas gracias a todos los organizadores. Qué placer tanta gente joven.
Cuando uno habla desde los 76 años, uno cumple los años pero se siente igual, aunque te das cuenta de que los demás te empiezan a tratar diferente. Los demás piensan que somos un poco niños. Me di cuenta de que me hacía mayor una vez que fui a la peluquería y la chica que me atendía me dijo: "¿se puede usted quitar las gafitas?". Dije "madre mía, esta chica me ve como una señora mayor". Pero la edad es relativa. Hay jóvenes viejos, eso va en cada uno. Estoy encantadísima de hablar de que en España volvió a haber democracia después de todo lo que pasó. Muchas gracias por pensar que puede ser interesante este intercambio.
Muchas de las personas de mi generación somos profundamente demócratas. Hay que escuchar al otro, exigir respeto. No he tenido problema con la gente en general, pero sí en la política. Una vez, en el ayuntamiento, en un acto que hacíamos en la plaza de Cibeles, había un grupo grande de personas. Igual ahora están en Vox, entonces parecía que en PP. Me decían "vieja", "roja". Yo les decía: "gracias por venir y dar una opinión. Tenéis razón, soy una persona mayor, pero eso tiene una ventaja. Yo he vivido la democracia, y la democracia que tenéis ahora la tenéis gracias a nosotros, y por eso ahora podéis decir lo que decís". Hubo un silencio sepulcral y el acto se desarrolló con normalidad.
La democracia tiene una fuerza extraordinaria. Quiero trasladaros lo que significó para mi generación. Yo era una niña de un colegio de monjas, no tenía ni idea de lo que había pasado en España. Un día, jugando, se me ocurrió decir: "qué tontería saludar con la mano extendida, qué más dará hacerlo con el puño cerrado". Aquellas señoras me dijeron que jamás se me ocurriera hacer aquello en la calle. En mi familia, de lo último que se hablaba, como en tantas otras familias, era de la guerra.
Hasta que no llegué a la universidad no supe lo que había pasado en mi país. Había un gran grupo de estudiantes hablando del poeta Cernuda. Habíamos estudiado a Machado, pero a Manuel, no a Antonio. Estamos hablando de 1961, y pensé que algo nos habían hurtado, me habían quitado algo de mi vida. Es muy importante insistir en el papel de la historia. Yo adoro a una historiadora norteamericana que se llama Lynn Hunt, que tiene un libro sobre la invención de los derechos humanos. Estos surgen en 1789 porque se desarrolla la empatía y uno empieza a ver al otro como a uno mismo. La historia importa, es absolutamente determinante. Y en aquel momento entendí yo aquello qué pasó en la guerra civil, etc.
Cuando después he oído hablar de la Transición y decir que fue un fracaso, etc... La Transición no se produce en 1975-76-77, sino muchísimo antes. Cuando Franco muere el régimen era como un queso que estaba agujereado, pero sin las cosas que se hicieron antes no hubiera habido Transición. Es un efecto a largo plazo, una serie de acciones enormemente inteligentes que fueron minando. El Partido Comunista tuvo una visión absolutamente esclarecedora cuando habló de reconciliación nacional, y que la guerrilla se acababa. No se podía continuar. Las guerrillas se mantuvieron porque había la esperanza de que después de la Segunda Guerra Mundial los aliados nos incluyeran en la Europa liberada, pero eso no ocurrió. Y fue enormemente clarividente la decisión del Partido Comunista, que fue siempre el elemento más determinante de la oposición al franquismo. A partir de aquello hubo una serie de decisiones importantísimas, que tenían que ver con escuchar a la sociedad. Eso es muy importante ahora, porque estamos viviendo la sensación de una clase política que no escucha. En la Ser escuchaba esta mañana: "¿será porque están los leones fuera protegiendo el Congreso y los que están dentro no escuchan?". ¿Qué quería la gente en la universidad en aquellos tiempos? Estaba por ejemplo el sindicato falangista, el SEU, y nos metimos en él. Entonces se dieron cuenta de que estaban llenos de enemigos. En aquellos años, el Padre Llanos, que se acabó afiliando al Partido Comunista, era falangista y confesor de Franco. Y parece que Franco le dijo que estaban perdiendo a los jóvenes. El Padre Llanos pensó en organizar unos campos de trabajo, el SUT. ¿Y qué pasó? Que salieron más rojos de los que nadie podía pensar.
En la campaña de alfabetización de Andalucía había muchos campesinos que no sabían leer ni escribir. Se produjo el desgarro de la inmigración. Yo recuerdo ver aquellos españoles que emigraban a Alemania y se encontraban aquellos letreros que decían: "no queremos perros ni españoles", porque éramos lo más "tirao". Ahora cuando se oyen esas barbaridades de la inmigración, está bien que recordemos aquello. Entramos en las instituciones, ganándose a la gente hablando de las reivindicaciones normales, de lo que a la gente le preocupaba. Y eso tuvo un rédito. Y el sindicato falangista, en 1964-65 desapareció. Fuimos muy optimistas. Aquello del "sí se puede" sabíamos que sí, que se podía. Nos cargamos el SEU y se crearon unos sindicatos que no eran legales pero hacíamos nuestras publicaciones, etc.: el SDEUM (Madrid) y el SDEUB (Barcelona). Nos detenían, pero la dictadura empezaba a ablandarse, en ese contexto de los movimientos sociales, no sólo en la represión hacia los partidos. Sí que cuando había una caída fundamentalmente del Partido Comunista éstas eran muy duras. Pero independientemente de la represión, todo se hizo por abajo, viendo qué era lo que quería la sociedad. Fue extraordinario lo que hizo Comisiones Obreras. Cuando se lee la historia de Comisiones Obreras o la vida de Marcelino Camacho se ve que en el fondo, sin hablar una palabra de política, se hizo el movimiento que se hizo, hablando a los obreros de lo que les interesaba. Camacho o Julián Ariza, en la Perkins, se dieron cuenta de que había compañeros que estaban mal pagados. Y hacen reuniones para reclamar mejores salarios, y así surgen las Comisiones Obreras. Superan las estructuras, intereses y egos de los partidos políticos, todo basado en la escucha.
Otro flash sería el de los profesionales. En las portadas del ABC, en una de 1970, había un anuncio de un congreso de abogados en León, y se acordó pedir la amnistía, acabar con la peña de muerte, la regulación de la situación de los presos políticos... ¿Y cómo era posible en plena dictadura? Porque el proceso de transición ya estaba ahí. El régimen empezó a llamar a todos los abogados, para que se apuntaran abogados afines al régimen, porque los jóvenes estaban entrando con otras ideas. Recuerdo en aquel acto de 1970 que acabamos abrazándonos reclamando la amnistía, con una emoción tremenda. Hablábamos de la necesidad de encontrarnos unos con otros, de la necesidad de reconstruir la convivencia nacional... Aquello caló, y la capacidad de la seducción es extraordinaria y sale de saber desarrollar los procesos de empatía. Los ciudadanos cuando son responsables se relacionan así, porque es la forma normal. Todo eso permitió en un momento determinado que hubiera personas suficientemente lúcidas, y yo recuerdo aquel abrazo de aquel congreso de León. En el ayuntamiento de Madrid hicimos un logo de un abrazo, y recuerdo el cuadro de Genovés del Abrazo, y el monumento de Antón Martín, en memoria de los compañeros que murieron y de los que seguimos. El gobierno del PP ha quitado ese logo, pero por mucho que se quiten los logos, las emociones continúan y continuarán siempre. Aquello determinó que había que legalizar a todos los partidos. Sabéis que era difícil legalizar el Partido Comunista. Los abogados del partido decidimos poner mesas para explicar qué era el Partido Comunista, y la policía no sabía qué hacer, porque éramos muchos. En 1973-74 igual éramos 250 abogados del Partido Comunista. Era ilegal, pero estábamos ahí. No se pueden detener a unas mayorías. Era una paralegalidad, un término que inventamos. Las cosas no eran legales, pero te las tienes que tomar con tomate, porque no hay alternativa.
En la universidad nos pusieron multas, a mi me echaron de la universidad de Madrid y me fui a la de Valencia, con muchos compañeros, y pude estudiar con el catedrático Miaja de la Muela, de derecho internacional. Pudimos estudiar más, porque no teníamos tantos líos. Sacamos notas buenísimas, pero entonces al año siguiente la bronca luego se trasladó a Valencia, y se creó el sindicato. Cuando una sociedad decide que esto se ha acabado, las cosas se acaban. Y así es como fue la Transición y como yo la entiendo.
Lo que sostuvo la Transición no fueron las decisiones políticas de Suárez o el Rey. Por ejemplo con el golpe de estado, yo estaba en mi primer destino judicial, en la isla de La Palma, y me informaron del golpe. Yo pensé, ¿qué hago yo? Tendré que detener a alguien.... Pero en la isla de La Palma no se había levantado nadie. Yo no tenía casa y estaba en un hotel, y recuerdo que allí la gente decía: "los españoles no valemos para la democracia, esto iba a pasar". Yo me agarraba a pensar que la evolución humana siempre es positiva. Cuando sale el Rey, más pálido que una hoja de papel, eso no se puede olvidar. Tuvimos la suerte de que movimientos sociales enormemente inteligentes, basados en la empatía, logramos lo que logramos. ¿Pero qué pasó? El mal del no éxito rotundo de la Transición vino después. Se volvió la mirada para atrás en los movimientos sociales, y los partidos políticos asumieron un papel protagonista y se olvidaron del papel de los movimientos sociales. Se desmovilizó. Los propios partidos, incluido el Partido Comunista, lo desmovilizaron. Ya estaban los estilos propios de los partidos. Incluso a los abogados se nos veía con desconfianza, se nos decía que éramos unos "piquitos de oro". Todos los partidos lo hicieron. En ese momento, cuando se da la vista atrás, empieza el debilitamiento. Se generó mucha ilusión. Los Pactos de la Moncloa fueron muy interesantes, con una situación económica horrorosa, y había que tomar unas decisiones. Se logró ilusionar a la sociedad española. Si se leen los momentos de los debates de la constitución, los chistes, músicas... La sociedad estaba encantada con recuperar la democracia. Luego ese proceso tuvo pequeños agujeritos y se perdió una energía determinante. Pero aún así, ha habido unos éxitos extraordinarios. Cuando se habla de vieja y nueva política, esos términos ya estaban. Rafael Altamira, magistrado del Tribunal de La Haya, cuando se constituye la Sociedad de Naciones, ya se hablaba de cómo evitar otra guerra. Altamira tiene un discurso en el que alerta de lo importante que es que la Sociedad de las Naciones no dependiera únicamente de los países, sino también los movimientos civiles, porque sino volvería la vieja política. Ese término no es de ahora. Galdós también hablaba de la vieja política.
Pero la política basada en las estructuras de los partidos fue también capaz de vencer dos grandes males y desgracias: la corrupción y la ETA en el País Vasco. ¿Se puede resolver el tema de Cataluña? ¡Pero cómo no! Pudimos resolver algo mucho más difícil. Hubo 800 muertos y lo resolvimos. Hay que saber respetar la fuerza de nuestra democracia, aunque haya perdido algo que nunca tendría que haber perdido. Ahora el País Vasco no se parece en nada a lo que era por ejemplo en 2002 o 2003, años de plomo. Y no solamente los muertos ocasionados por ETA, sino también lo que significó esa cosa tan lamentable de la guerra sucia del estado. Eso debilitó también la estructura de la democracia. Pero se resolvió el problema, fundamentalmente sabiendo que hay que hacer cumplir la ley, respetar la vida humana, pero también pactando. Ahora hay un proceso de autocrítica. Yo estuve haciendo un trabajo con personas de uno y otro lado, y cuando hablabas con ellos veías que había una sensación de decir: "¡qué hemos hecho!". Desde que viví la experiencia de mi despacho, con personas que en un instante perdieron su vida, soy una gran defensora de la vida en cualquier circunstancia. Mis compañeros se quedaron allí, una tarde, sin más, porque un grupo de fascistas lo quiso. Y no vivieron la democracia, ni tuvieron hijos. Eso pasó en el País Vasco, con jóvenes guardias civiles, pero también con unos jóvenes a los que se disparó delante de un cuartel porque cantaban en euskera. Pero lo hemos superado. Ahora hay que analizar, estudiar, saber qué no se tiene que volver a hacer.
Después vino la corrupción, que fue terrible. Fue algo así como un virus gigantesco. Yo estaba de magistrada en Madrid y era la decana de los jueces. Vivíamos la desafección de la gente. Y no fue un caso, sino muchos. No hay nada que haga más daño a la democracia que la corrupción. Aún no hemos dado el paso que corresponde, aunque por ejemplo ahora hay muchas personas cumpliendo condenas en las cárceles por corrupción, como el cuñado del Rey. Pero eso no es lo que vale. La democracia no puede mantenerse a sí misma a base de castigar acciones contrarias al espíritu de la democracia, lo que hay que hacer es evitarlas. Estamos ahora en un momento en que hay que resumir.
Creo en la urgencia de actuar: sabíamos lo que había que romper, pero no sabíamos lo que había que crear. Y es muy importante que nos demos cuenta de donde estamos. Ahora estoy creando una fundación ética para hablar de la necesidad de la ética en la política. Me parece importante crear unos debates periódicos alrededor de "Cuidar la Democracia". Primero porque es importante la actuación de las instituciones con la cultura de las mujeres y el feminismo, y del ascenso de la mujer en las instituciones, porque no queremos separar la vida pública de la vida personal. Por eso uso el término "cuidar". Cuidamos a quien queremos, hay que personalizar la democracia y enamorarnos de nuestros amores. No hay que defenderla, hay que cuidarla. Hay un arte social, el arte de hacer mejor la sociedad, y eso es muy gratificante. Ha llegado el momento de reflexionar sobre qué es la democracia. Estamos en un momento de confusión. El otro día, con unos empresarios, me decían que cada vez se oye más el discurso de que igual no hace falta la democracia, que en China no hay democracia pero se construye un hospital en quince días... Hay una especie de extraño tejido de cinismo, y nos olvidamos de qué es la democracia. Es un progreso extraordinario del ser humano. Pienso en qué significó la actitud de la Iglesia Católica ante la democracia, por ejemplo... Hay un libro de Sardà i Salvany, cura catalán, "El liberalismo es pecado", donde se recoge la actitud militante de la Iglesia contra la democracia. El Papa Pío IX llegó a afirmar que la democracia era pecado mortal. Todo eso tiene mucho que ver con lo que fue la guerra civil. Y los grupos de la extrema derecha hablan de aquello. La Iglesia decía que para qué tienen los pobres que leer y escribir, si sólo van a leer cosas malas. Eso hay que recordarlo. Respecto de los liberales, se hablaba de aislarlos, no sentarse con ellos ni a la mesa. Todo eso pasó, y gente que luchaba por la democracia perdió su vida. Llegamos a la República, a una república absolutamente reconocida, con todos los elementos del estado de derecho necesarios, y pasaron cosas tremendas, como después la ejecución de Francisco Javier Elola, magistrado gallego que fue ejecutado en 1939. Ese sufrimiento nos obliga a darnos cuenta de lo que es la democracia, y que estamos dispuestos a hacer lo necesario para que esto no desaparezca y no se nos vaya de las manos.
Tenemos que empezar a pensar en nuestros representantes. Los políticos son nuestros representantes y les damos el derecho a que nos representen. ¿Estamos contentos con estas personas? ¿Podrían ser de otra manera? Yo no me siento una política profesional, he desarrollado política civil, pero sigue habiendo la idea de la carrera política. Para mí no debería haber políticos de carrera. Debería ser una responsabilidad coyuntural, y debemos plantearnos las características que deben tener nuestros representantes. Lo más importante es que les guste la gente. Yo he visto muchos políticos que no les gusta la gente, que cuando llegan los actos no quieren estar con la gente. Se nos olvida que son los que nos representan: nosotros les hemos dado el poder para que nos resuelvan los problemas. Tenemos que exigir que sean buena gente. Se metían conmigo diciendo que hacía "buenismo". Yo decía que sería malo que fuera "malismo". No veía el problema. Una persona del Partido Socialista me dijo un día: "todo buenismo", con mucho desprecio. Ahora celebramos el aniversario de Concepción Arenal, y a ella la llamaban utópica. Y decía que eso no desmerece, pero desacredita. Y que te llamen "buenista" desacredita. Y en la política está mal visto, es mejor no ser bueno. Aquellas cosas tremendas de Maquiavelo han generado un poso. He leído un libro sobre el arte de mentir en política de 1714, sobre que es necesario mentir al pueblo para protegerlo. Se decía entonces, pero se dice ahora. Se habla de súbditos y no de ciudadanos. Pero vamos por el buen camino, cada vez veo más recepción.
En los partidos deben hacer un proceso de transformación. Debemos ser innovadores. Parece que está dando resultado en algunos países que, además de los partidos políticos, haya representación por sorteo. Por ejemplo en Irlanda. Y en Madrid también lo intentamos para evaluar las políticas del ayuntamiento, pero no nos dio tiempo. Hay que inventar y pensar, y recordar lo bueno que nos trajo la Transición. Y podemos hacer una manera de cuidar la democracia que la vivifique, que la haga resplandeciente y distinta. Toda la dificultad para que viniera la democracia nos obliga a no perder y a no olvidarnos de que la tenemos que cuidar y debemos enamorarnos de nuestra democracia. Muchas gracias.
Tras el turno de Manuela, mi camarada, mi amigo Sergio Morales fue el encargado de cerrar el acto. Y lo hizo así:
Muchísmas gracias, Manuela. Gracias por venir a Mataró y gracias por hacer realidad un sueño, porque no creíamos que pudieras venir. Esto es como ver a los héroes de cómic en persona. Es un placer y un orgullo, y pienso en compañeros que tanto admirábamos como Miguel Núñez o Gregorio López Raimundo.
Estamos viviendo momentos de revisionismo histórico. Este domingo estábamos en el Fossar de la Pedrera de Montjuïc rindiendo homenaje a los compañeros fusilados del PSUC, y la propia Asociación de Ex-Presos del Franquismo denunciaba en un manifiesto como el Parlamento Europeo igualaba nazismo y comunismo. Las raíces del comunismo las representa también esta señora, y debemos mucho a esa generación que tanto luchó para tener la democracia que tenemos. Igualar nazismo con comunismo sabiendo lo que ha supuesto el comunismo en Europa, lo que supuso para la URSS ganar al nazismo, quién lideró el antifranquismo en Cataluña y en España. Hay que evitar ese revisionismo.
Todos coincidimos en que Manuela es un ejemplo de esa lucha, de esas personas que tanto sacrificaron por esta democracia seguramente imperfecta, pero que hoy nos permite disfrutar de unos derechos.
Has hablado de la necesidad de que los políticos escuchemos más y hablemos menos. De cohesión colectiva. También de la unidad para superar los grandes retos en derechos sociales, de la igualdad entre mujeres y hombres. Por eso no hay que menospreciar la Transición y la democracia, ni olvidar la importancia para ir de la mano de los movimientos sociales. Me ha gustado ese optimismo de que la evolución humana siempre tiene que ser positiva, sin olvidar las dos grandes desgracias: la corrupción y el terrorismo. Tampoco debemos olvidar que tenemos el fascismo dentro de las instituciones, y combatirlo es obligación de todos los demócratas, independientemente de la ideología de cada uno de nosotros. Hay que cuidar la democracia, en mayúsculas. Esa palabra tan femenina. Y quedémonos con esto: hay que ser conscientes de lo que necesita la otra persona para desarrollarse. Reflexionemos sobre cómo mejoramos esta democracia que tenemos gracias a personas como Manuela. Muchas gracias, Manuela.
Montse Sòria fue la encargada de entregar a Manuela el obsequio que se había elegido para la ocasión un ejemplar de la extraordinaria obra "Autobiografía de Mataró", de reciente publicación gracias al buen trabajo de un buen número de historiadores y archiveros locales.
Sergio Morales no quiso despedir al público asistente sin pedir disculpas a la gran cantidad de personas que se quedaron sin poder acceder al recinto. Manuela tendrá que venir otro día para hablarnos en una sala más grande, se atrevió a decir. Bueno, la gente de Mataró cuando nos proponemos algo lo acabamos consiguiendo. Ojalá Manuela Carmena nos vuelva a visitar.
En definitiva, una jornada intensa, inolvidable y, lo que es más importante, muy provechosa. Esperemos que las palabras de Manuela Carmena sean escuchadas más allá de las 200 personas que ayer tuvimos la suerte de hacerlo en directo. Porque ni la democracia fue gratis, ni tenemos garantizado que exista por siempre. Cuidémosla. Por favor.
VIDEO COMPLETO DE LA CONFERENCIA:
ENTREVISTA DE MATARÓ AUDIOVISUAL:





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