"Rivalidad y venganza" de Laia Balcells, un libro necesario
A la memoria de Carolina G. de Miguel Moyer
Recientemente el Institut Català Internacional per la Pau (ICIP) ha publicado el libro de Laia Balcells "Rivalidad y venganza. La política de la violencia en las guerras civiles", que es la traducción al castellano de "Rivalry and Revenge. The Politics of Violence during Civil War" (Cambridge University Press, 2017). Es la adaptación de la tesis doctoral de Balcells y se trata de un trabajo extraordinario que debería tenerse muy en cuenta fuera del perímetro, a veces difícil de superar, que marca el mundo académico. Porque más allá de su indudable calidad, garantizada por la solidez, trayectoria y prestigio de su autora, despierta un interés y aporta una serie de datos y reflexiones que son de mucha utilidad para poder entender la situación política actual, en nuestro país y a nivel internacional. Intentaré explicar por qué.
Laia Balcells es una politóloga catalana que, a pesar de su juventud, presenta una trayectoria académica destacada en la que los méritos y reconocimientos que está alcanzando hacen que sus trabajos deban ser necesariamente atendidos y leídos con interés. Es Doctora por la Universidad de Yale (2010) y Profesora Titular de Ciencia Política en la Universidad de Georgetown, y anteriormente fue profesora en la Universidad de Duke, investigadora Niehaus en la Universidad de Princeton y Catedrática de Excelencia en la Universidad Carlos III de Madrid. Sus campos de trabajo principales son la política comparada y las relaciones internacionales, dedicando su atención a temas como la violencia en las guerras civiles, el terrorismo, los conflictos étnicos y los nacionalismos, entre otros, a los que ha dedicado numerosos artículos, recibiendo premios como el Luebbert al mejor artículo en política comparada de la American Political Science Association (2010) o el mejor artículo de la sección Ethnicity, Nationalism and Migration de la International Studies Association (2018 i 2020).
En "Rivalidad y venganza" Balcells desmiente esa idea que se suele tener de la Guerra Civil Española (y también de otras guerras) según la cual la violencia que se produjo fue irracional y respondía a motivos basados principalmente en instintos primarios, envidias y el simple gusto por la propia violencia. El trabajo combina el análisis politológico con el historiográfico, presentando también el caso de Costa de Marfil para compararlo con el español, algo que lo dota de mayor atracción e interés, y aporta una serie de datos que llevan a la autora a determinar unas conclusiones que pueden sorprender a más de uno cuando hablamos de la violencia contra la población civil durante la guerra. Balcells huye de la zona de confort y las explicaciones superficiales para adentrarse en un laborioso trabajo de entrevistas y recopilación de datos en diferentes zonas de España para comprobar la validez de las hipótesis que plantea.
Especialmente interesante es la explicación de la autora distinguiendo la llamada "violencia indirecta" (principalmente bombardeos) y la "violencia directa" (la que se produce cara a cara, utilizando armas ligeras). Balcells comprueba que ambos tipos de violencia se produjeron con mucha mayor intensidad en aquellos sitios donde la competencia política en los momentos anteriores a la guerra era más intensa. Es decir, en aquellos sitios donde en tiempos de la Segunda República los resultados electorales fueron más ajustados en la competición entre izquierdas y derechas, la violencia fue más intensa durante la guerra.
Tal y como sugiere acertadamente el título del libro, juegan un papel determinante las motivaciones de estrategia política (rivalidad) y también las de tipo emocional (venganza) a la hora de explicar la violencia. Con respecto a las primeras, se comprueba que tienen una mayor relevancia en las primeras fases de la guerra, mientras que las segundas van ganando importancia a medida que ésta avanza. Tal y como Balcells explica, "en las guerras civiles convencionales, la decisión de los grupos armados de perpetrar actos de violencia directa contra los civiles está relacionada con la movilización política y, en particular, con la movilización política durante el período anterior a la guerra. En dicho tipo de guerra civil, la movilización política de preguerra es una condición previa para la movilización contra los civiles". Esto es muy importante para entender qué ocurrió en la Guerra Civil Española, un conflicto protagonizado claramente por el papel de las ideologías, en que la competición izquierda-derecha era primordial, en unos tiempos en los que en muchos pueblos la gente se reunía en un bar o en otro en función de su ideología. Existía el bar de izquierdas y el bar de derechas, y esto marcó indudablemente lo que después se desarrolló en período bélico.
Explica Balcells que "la violencia aumentará a medida que la distribución del apoyo político se aproxime a la paridad, cuando las élites locales fomentarán esta violencia y colaborarán con los grupos armados en su ejecución". Esto quiere decir que en aquellas localidades donde la competición electoral fue muy reñida durante la República, la violencia será más importante durante la guerra, mucho más que en aquellos sitios en que izquierdas o derechas ganasen con holgura. En este sentido, y tal y como se explica en el trabajo, "cuando las personas están politizadas, es más probable que los grupos armados las consideren una amenaza y, por lo tanto, inviertan recursos en su persecución. En este sentido, el libro pone al descubierto un "lado oscuro" tanto de la movilización política como de la competición política". Explica Balcells que con este libro "la intención ha sido presentar una explicación general de las dinámicas de la violencia contra los no combatientes, que debería ayudar a explicar lo que sucedió durante esta guerra civil, pero no solamente (…). En términos generales, se ha mostrado que la violencia detrás de las líneas del frente, que ha sido etiquetada como "terror" en muchos estudios históricos, fue menos indiscriminada de lo que se suele pensar. La violencia estaba dirigida contra enemigos políticos y emanaba de las dinámicas de la rivalidad política en la esfera local". Algo muy importante que explica la autora es que "las fracturas políticas son muy relevantes en la explicación de la violencia. Aquí se ha partido de la premisa de que las guerras civiles se libran alrededor de una "gran factura". En este sentido, a nadie se le escapa que la situación política y social en España (y no solamente aquí) se caracterizaba en los años treinta por una polarización muy importante en la que el papel de las ideologías (izquierdas y derechas) era fundamental.
La rivalidad (política) juega un papel principal a la hora de explicar la violencia en período de guerra, si bien la venganza también hay que tenerla en cuenta, como bien hace Balcells en su trabajo. Como explica la politóloga, "las emociones pueden estar presentes en los primeros períodos de la guerra, en especial en contextos de alta movilización política y polarización. La importancia relativa de las emociones aumenta a medida que se desarrollan los acontecimientos del tiempo de guerra". En este sentido, "también se ha mostrado que la violencia fue la consecuencia de emociones de venganza que llevaron a personas que sufrieron la pérdida de familiares, amigos e, incluso, propiedades a promover la violencia en etapas no iniciales de la guerra civil". De la misma forma, en el trabajo también se afirma que "se ha observado que los acontecimientos acaecidos durante la guerra provocan emociones como la ira, las cuales, a su vez, derivan en acciones de venganza". Explica Balcells que su trabajo muestra "la relevancia de las emociones para explicar la violencia. Las emociones no están necesariamente reñidas con la racionalidad, pero a menudo desencadenan comportamientos que, de otro modo, no se materializarían. En las guerras civiles analizadas en este libro, muchos de los que denunciaron o mataron a otros no lo habrían hecho si no hubieran sentido antes ansias de venganza". Rivalidad y venganza, reza el bien hallado título del libro de Laia Balcells. La complejidad de la condición humana, ni más ni menos.
Durante la lectura del volumen, no he podido evitar establecer paralelismos entre la situación política previa a la Guerra Civil Española, fuertemente marcada por la polarización, y la situación actual, en que este fenómeno también se da, obviamente salvando todas las distancias y evitando establecer una analogía entre aquella época y ésta, algo que comportaría necesariamente incurrir en una temeridad. Poco tiene que ver la etapa política de la Segunda República con estos años que nos están tocando vivir, pero no cabe duda de que nos hallamos ante una situación en la cual muchos líderes políticos desarrollan unos discursos caracterizados por la dureza, la acritud y la polarización, y eso en poco ayuda a la consecución de consensos entre las diferentes fuerzas democráticas. Si a eso añadimos el auge de la extrema derecha en numerosos países, la situación a menudo nos puede llevar a pensar que un estallido violento no es descartable al cien por cien. Cuesta pensar en una guerra civil en un país como España, pero si atendemos al trabajo de Laia Balcells, da miedo pensar en un eventual conflicto violento, teniendo en cuenta que nos encontramos ante una situación en que los principales bloques políticos se acercan electoralmente a la paridad. El caso de Cataluña es paradigmático, pero ahora, ante las elecciones en la Comunidad de Madrid o el escenario que podemos encontrar también en otros países, parece que deberemos acostumbrarnos a situaciones de empates técnicos en que media sociedad se enfrenta a la otra media (a través de sus representantes políticos) con pocas posibilidades de establecer acuerdos. En una reciente entrevista en el digital "Pensem", Laia Balcells explicaba que la violencia verbal de la derecha le recuerda a la polarización de la Segunda República. Aquí quiero traer a colación los análisis de un sabio contemporáneo como Daniel Innerarity. El filósofo navarro explica que "la escalada verbal obedece a la impotencia de unos individuos que se saben contenidos por una estructura". Para Innerarity (junto a Serge Champeau, "¿Y si las sociedades con discurso más agresivo fuesen las menos violentas?", El País, 8-2-2021), "vivimos una época en la que hay mucho odio y poca violencia. Conviene no confundir ambas cosas. Este grado de hostilidad intensa que padecemos hoy en nuestras democracias no tiene nada que ver con la violencia armada organizada. El odio no es la antesala de la violencia, sino que puede estar sustituyéndola. Probablemente nos permitimos odiar tanto porque sabemos que por la solidez de nuestras instituciones, el Estado de derecho o la amenaza del castigo de la ley es muy improbable que ese desprecio mutuo desemboque en violencia. Con esto no queremos subestimar lo que tiene de inaceptable y el riesgo que supone para la convivencia democrática, sino tratar de situar este fenómeno en su verdadera dimensión. Si algo amenaza nuestras democracias es este odio verbal no violento y no tanto el riesgo de guerra civil. Esta circulación del odio por nuestros espacios públicos no anuncia una guerra civil sino otros regímenes de la democracia". Quizá aquí se abra una línea de investigación que Laia Balcells pueda abordar en un futuro, no lo sé. Tengamos en cuenta las enseñanzas de su libro, leámoslas con interés, consideremos la aplicación que puede tener en el análisis de la realidad actual y respiremos un poco, solamente un poco, después de leer también a Daniel Innerarity.
Este post es la versión en castellano del artículo publicado en catalán en Públic (30-3-2021)








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