Ser joven, ser comunista (introducción para el libro "Memoria colectiva de la Juventud Comunista de Mataró", editado por la Fundació Nous Horitzons)
"Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud"
Joaquín Salvador Lavado Tejón "Quino"
"Los deseos del joven muestran las futuras virtudes del hombre"
Cicerón
Quiero empezar estas líneas agradeciendo de todo corazón principalmente a Ramón Morales por la confianza depositada en mi persona para ayudarle a tirar adelante este proyecto en forma de libro que hoy el lector tiene en sus manos. Reconozco que cuando me explicó por primera vez la idea de recopilar en un volumen la historia colectiva de la Joventut Comunista de Catalunya (JCC) en Mataró me pareció una tarea muy ambiciosa y de difícil realización. El trabajo, el tesón, la insistencia y la voluntad de Ramón han sido determinantes a la hora de hacer realidad este extraordinario trabajo. Desde aquí mi más sincero reconocimiento. Dicen que el que la sigue la consigue, y quienes conocemos de cerca las historias de militancia de personas como Ramón sabemos que si los comunistas se caracterizan por algo es precisamente por su entrega a una causa, por su trabajo y su amor a unos ideales que me atrevo a decir que no morirán nunca. En este libro encontraremos diversos ejemplos y creo que es de justicia reconocerlo. Muchas otras personas han participado activamente en la elaboración de este trabajo colectivo, como Pablo Morales y Juan Ortiz, a quienes también quiero reconocer su trabajo, así como a las diferentes personas que han puesto su granito de arena: desde quienes han redactado sus recuerdos para incluirlos en esta memoria colectiva hasta la última persona que ha colaborado en la campaña de micromecenazgo que hemos llevado a cabo a través de la plataforma Verkami.
Ser comunista
No es mi intención en esta introducción explicar qué fue la Joventut Comunista de Catalunya, porque esta cuestión se aborda con profundidad en el presente volumen. Sí quiero comenzar afirmando sin miedo a equivocarme que el papel de esta organización fue muy importante en la lucha antifranquista, no en vano los y las comunistas jugaron un papel protagonista en la clandestinidad y la JCC era ni más ni menos que las juventudes del Partit Socialista Unificat de Catalunya, el PSUC, el partido más importante de la lucha antifranquista en Cataluña, como lo fue el PCE en toda España. Y de la misma forma que el PSUC fue imprescindible y lideró aquella lucha, a nivel sindical lo hicieron las Comisiones Obreras (CCOO). Es de justicia reconocer el trabajo de los y las comunistas en la larga noche del franquismo, porque probablemente nadie como ellos y como ellas se jugó su vida y su libertad en la lucha por la democracia. En tiempos de revisionismo interesado y de recuperación del anticomunismo, conviene no olvidar qué paso y quién se lo jugó todo por construir una sociedad más digna, en libertad y democracia, para las generaciones posteriores. Y los y las jóvenes de la JCC, hoy ya abuelos y abuelas, pusieron su granito de arena, a través de la lucha y el compromiso, sufriendo la represión como ninguna otra organización juvenil la sufrió. Eso también es justo reconocerlo, recordarlo y agradecerlo.
En los últimos tiempos, el auge de la extrema derecha ha coincidido con ataques desacomplejados y furibundos desde diferentes foros políticos y mediáticos de marcado carácter "anticomunista". Pero ese sentimiento no solamente florece en la ultraderecha, sino que otras familias políticas de la izquierda también lo muestran cada vez de forma más desinhibida, para atacar al adversario político y desautorizarlo de forma torticera y caricaturesca. Ese sentimiento anticomunista se transmite de padres a hijos y de abuelos a nietos, y como digo, no solamente en las familias de la ultraderecha. Quizá duela reconocer que los y las comunistas hayan sido protagonistas en la recuperación de la democracia en nuestro país y también fuera de nuestras fronteras, y ello lleva a desprestigiar unas ideas para aprovechar y cambiar la historia de forma interesada. Durante décadas, el discurso anticomunista que llegaba de Estados Unidos y otros países occidentales fue calando en nuestras sociedades a través de sus diferentes aparatos políticos, económicos y mediáticos, y eso es algo que tampoco podemos olvidar, porque sabemos que la historia la escriben los vencedores. Hemos de reconocer quién tiene actualmente la hegemonía.
Hay que reivindicar sin ningún tipo de complejo el papel de los y las comunistas durante la dictadura, así como durante la transición. Y cualquier demócrata que se precie de serlo debería reconocer el papel de organizaciones como el PCE, el PSUC, CCOO o también la JCC en aquellos tiempos, porque probablemente nadie se partió la cara como lo hicieron sus militantes. Se podrá criticar desde determinados sectores de las izquierdas el papel de estas organizaciones y de algunos de sus dirigentes en aquellos años difíciles, pero a nadie se le escapa que resulta ventajista hablar desde la comodidad que ofrece, con todas las dificultades que se quiera, la situación política y social actual, así como el conocimiento de los hechos pasados. Porque quien vivió aquellos años sabe que el ruido de sables era ensordecedor, la llegada de la democracia no estaba en absoluto garantizada y la correlación de fuerzas existente era la que era. Porque en el antifranquismo militó mucha menos gente de la que luego se quiso poner medallas adornando un pasado de lucha que en realidad no existió. Eso lo saben bien muchos de los militantes de la JCC, algunos de los cuales recuperan sus historias de vida y militancia en este libro.
Ha llegado el momento de reivindicar orgullosamente la historia, la lucha y la responsabilidad del PCE y el PSUC, y con ellos de la JCC, que lideraron y organizaron la resistencia antifranquista y supieron leer la situación política durante la transición. Una responsabilidad que ya se había puesto de manifiesto en 1956, con la declaración del PCE "por la reconciliación nacional, por una solución democrática y pacífica del problema español", que recogía que "en la presente situación, y al acercarse el XX aniversario del comienzo de la guerra civil, el Partido Comunista de España declara solemnemente estar dispuesto a contribuir sin reservas a la reconciliación nacional de los españoles, a terminar con la división abierta por la guerra civil y mantenida por el general Franco". Sin el papel de estas organizaciones, sin su trabajo, dedicación y sin el precio que se pagó en vidas humanas, exilio, torturas y años de cárcel, nuestra democracia sería sin lugar a dudas más débil y precaria. Sin ir más lejos, la Constitución de 1978 recoge unos cuantos artículos de claro contenido social cuya lectura hoy puede sorprender a más de uno, donde se nota de forma diáfana la mano del PCE y el PSUC. Como bien decía de vez en cuando nuestro querido y recordado Julio Anguita, cumplir lo que dice la Constitución sería revolucionario. No le faltaba razón.
La presencia en el gobierno de España de personas como Alberto Garzón, Yolanda Díaz, pero también, y de igual forma, de Pablo Iglesias e Irene Montero (ambos antiguos militantes de la Unión de Juventudes Comunistas, organización heredera de la Juventud Socialista Unificada), debería ser motivo de celebración para las gentes que proceden de la tradición de lucha del PCE, el PSUC o la JCC. Y quienes vivimos para verlo deberíamos brindar muchas veces, porque personas como Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Marcelino Camacho, Miguel Núñez, Antoni Gutiérrez Díaz, Gregorio López Raimundo, Marcos Ana o Neus Català, por citar solamente unos pocos nombres, no pudieron hacerlo. Su memoria lo merece.
Explica Xavier Domènech en su imprescindible libro "Temps d'interseccions. La Joventut Comunista de Catalunya (1970-1980)", editado por la Fundació Francesc Ferrer i Guàrdia, que "durante los años más oscuros de la historia de nuestro país sucesivas hornadas de jóvenes se incorporaron a la militancia antifranquista a fin de hacer posible la consecución de las libertades políticas, sociales y nacionales. Esta es una historia que tiene sus orígenes con el nacimiento del propio régimen franquista, pero que se intensificó a lo largo de la década de los sesenta y setenta cuando este fenómeno abarcó a amplias minorías juveniles. De hecho, fue entonces cuando uno de los capítulos más intensos y singulares de esta historia se teje a con la creación y desarrollo de la Joventut Comunista de Catalunya".
Ser joven, ser comunista: las JSU, la UJCE, la JCC
Los y las jóvenes jugaron un papel muy importante en la lucha antifranquista. Implicarse en la lucha clandestina representaba una difícil y valiente decisión, pues había mucho que arriesgar en aquellos tiempos de la dictadura. Este libro trata sobre la Joventut Comunista de Catalunya (JCC), pero no podemos dejar de hacer referencia a las JSU o la UJCE.
Las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) fueron fundadas en marzo de 1936, poco después de la victoria del Frente Popular en las elecciones, como resultado de la fusión de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) del Partido Comunista de España (PCE) y la Federación de Juventudes Socialistas de España (FJSE) del PSOE. Largo Caballero tendría un papel fundamental en esta fusión y la dirección de la organización juvenil estaría encabezada por Santiago Carrillo y Trifón Medrano. En julio del mismo año, se fundó la Joventut Socialista Unificada de Catalunya (JSUC), fruto de la unificación de la Joventut Comunista, la Joventut de la federació catalana del PSOE, la Joventut de la Unió Socialista de Catalunya i la Joventut del Partit Català Proletari. La organización sería el referente juvenil del PSUC, partido que se fundaría al estallar la guerra civil, después del golpe de estado fascista de julio de aquel mismo 1936. En este libro se recogen unas breves biografías de destacados miembros de la JSUC de Mataró, y que son referentes en la lucha antifranquista en la ciudad: Teresa Cortina, Rossend Dalmau, Margarida Abril, Josep Serradell "Román" y Daniel Plana. Es de justicia recoger sus historias en este volumen.
Ya en guerra, muchos militantes de las JSU participaron activamente en la contienda, formando parte del Ejército Popular de la República. Durante la guerra civil, las JSU experimentaron un importante crecimiento, llegando a contar con unos 250.000 afiliados. Tras la derrota de 1939, los miembros de las JSU sufrieron en sus propias carnes la persecución, la cárcel y la muerte por parte de las autoridades franquistas.
Fueron años muy difíciles para la organización. A la represión del régimen fascista, se sumó el abandono de las JSU de los militantes más cercanos a las tesis del PSOE, y pasaron a crear la nueva organización juvenil de este partido, la JSE.
Muchos cuadros políticos de las JSU se integraron en la lucha clandestina organizada por el PCE, participando en el antifranquismo de forma activa y jugando un papel fundamental. En 1961, el Comité Central del PCE decidió reconstituir su movimiento juvenil creando la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE), que a día de hoy sigue en activo.
Por lo que respecta estrictamente a la JCC, esta organización se fundó en 1970 como heredera de la antigua JSUC y siendo la referencia catalana de la UJCE. La década de los años setenta fue de intensa actividad para la organización, tal y como se explicará en este libro. El caso de Mataró representa un buen ejemplo para entender la importancia de la JCC en los últimos años de la lucha antifranquista. A través de las biografías de diferentes militantes de la ciudad se resigue la historia de la agrupación.
Es importante remarcar el carácter abierto y plural de aquella JCC. Como explica el compañero Juan Ortiz, era una organización "yeyé", y aquello fue parte fundamental de su encanto. Por eso la JCC supo entroncar con el espíritu de los jóvenes de su época, ya que sus padres fueron silenciados. Fueron capaces de mimetizarse con la sociedad y aprovechar cualquier rendija: los bailes, la música, las melenas, la liberación sexual... para intentar conseguir la hegemonía a través de la cotidianidad de los jóvenes. La organización huía de ser una secta, a pesar de que los militantes llevaban, a veces, una vida de épica, pero no como otras de esteticismo rebelde de las que hacen gala determinados activistas sociales y políticos de nuestra actualidad, que se juegan realmente muy poquito, siempre amparados por la derecha neoliberal nacionalista. En definitiva, aquella JCC tenía una mentalidad muy libertaria, y seguramente por eso supo enganchar a tanta gente.
La ruptura en el seno del PSUC en el quinto congreso del partido (enero de 1981) afectó de forma determinante también a la JCC. La escisión que se produjo en el PSUC y la consecuente fundación del Partit dels Comunistes de Catalunya (PCC) llevó también a la creación de las juventudes de este último partido, los Col·lectius de Joves Comunistes-Joventut Comunista (CJC-JC). La JCC cesó su actividad como tal en 1990 y se transformó en Joves amb Iniciativa, las juventudes de Iniciativa per Catalunya, que años más tarde pasaron a llamarse Joves d'Esquerra Verda. Hoy en día, esta organización está integrada en la Confluència Jove, organización juvenil que tiene como referente al partido Catalunya en Comú, la confluencia de izquierdas catalana de la que forman parte, junto a otras organizaciones y militantes a título individual, Iniciativa per Catalunya Verds y Esquerra Unida de Catalunya.
Creo que no es necesario añadir mucho más a estas apreciaciones de Enric Juliana. El papel de los y las jóvenes comunistas fue determinante en la lucha contra el fascismo en España, y el papel de las JSU fue fundamental. Su organización heredera en Cataluña, la JCC, a la que dedicamos este libro, también jugó un papel muy importante, y es de justicia recuperar las vivencias de sus militantes, en este caso de mi ciudad, Mataró. Esperemos que este trabajo sirva para entusiasmar a antiguos militantes de otros pueblos y ciudades, y animarlos a que también escriban sus historias de lucha y compromiso. Porque la historia, si no la escriben sus protagonistas, corremos el riesgo de que solamente la escriban sus adversarios políticos.










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