La desunión cuesta al menos dos escaños a la izquierda vasca no independentista
Los resultados de las elecciones al Parlamento Vasco no han sido buenos para la izquierda transformadora vasca no independentista. El único escaño de Sumar (conseguido por Jon Hernández, secretario general del Partido Comunista de Euskadi-EPK) no hace más que poner en evidencia el desastre sin paliativos de este espacio político que, no hace demasiado tiempo, llegó incluso a ser la fuerza más votada en Euskadi en unas elecciones generales (junio de 2016, bajo la marca Unidos Podemos/Elkarrekin Ahal Dugu), consiguiendo seis meritorios representantes en el Congreso de los Diputados. En las elecciones al Parlamento Vasco de 2016 obtuvo 11 escaños, mientras que en 2020 alcanzó la cifra de 6 representantes. No se puede entender esta debacle (Podemos deja de tener representación parlamentaria, dato no menor) sin la desunión entre los morados y Sumar, con la consabida acritud públicamente existente que no hace más que alejar al potencial electorado, que opta por otras opciones como EH Bildu o también el PSE-EE.
Con los resultados de la noche electoral del 21A en la mano, todo parece indicar que se reeditará el gobierno de coalición formado por el PNV-EAJ y el PSE-EE, liderado por el hasta hace poco desconocido Imanol Pradales, pues entre ambas formaciones superan la mayoría absoluta, situada en los 38 diputados (el PNV-EAJ ha conseguido 27 -los mismos que EH Bildu- y el PSE-EE 12). Pero si Sumar y Podemos hubieran concurrido conjuntamente a los comicios, el panorama podría haber cambiado sensiblemente. No podemos saber qué hubiera ocurrido realmente, pero si efectuamos el ejercicio de sumar los votos conseguidos por ambas formaciones, podremos observar cómo esta eventual candidatura unitaria habría alcanzado dos representantes más del que ha conseguido Sumar en solitario. Con la Ley D'Hondt en la mano, obtenemos que en la provincia de Araba el reparto de escaños hubiera quedado exactamente igual, pero tanto en Bizkaia como en Gipuzkoa esta candidatura de izquierdas hubiera sumado un diputado más en cada provincia, representantes que en ambos casos arrebataría al PSE-EE. En resumidas cuentas, en esta situación imaginaria los resultados electorales serían los siguientes: PNV-EAJ 27 escaños, EH Bildu 27, PSE-EE 10, PP 7, Sumar-Elkarrekin Podemos 3, y Vox 1. Como podemos observar, la coalición de gobierno PNV-PSE se quedaría a un escaño de la mayoría absoluta y se abriría un nuevo escenario, que ahora no es momento de aventurar. Porque parece que para que exista un gobierno de izquierdas en Euskadi aún deberemos esperar un tiempo.
Por separado, en estas elecciones del 21A Sumar ha obtenido un 3,34% del voto válido emitido, mientras que Elkarrekin Podemos se ha quedado en el 2,25% (es decir, por debajo del tan temido umbral del 3%). Eso quiere decir que con una candidatura unitaria el porcentaje habría subido hasta el 5,59%. Eso sin considerar la opción (plausible) según la cual la unidad de esta izquierda (la no desunión, en otras palabras) podría alentar a potenciales electores a desplazarse hasta el colegio electoral para elegir la papeleta de Sumar-Elkarrekin Podemos (o el nombre que adoptara la coalición), u optar por esta opción en lugar de otra. Los resultados de no hace muchos años demuestran que el potencial electoral de este espacio político existe, como mínimo para no quedarse en el raquítico único representante obtenido y poder desarrollar un papel más decisivo en la política vasca.
Que las cosas no se han hecho bien en las formaciones a la izquierda del Partido Socialista en los últimos tiempos en toda España (también en Euskadi) está fuera de toda duda, y más allá de repartir responsabilidades entre las dirigencias de Podemos, Sumar y las demás fuerzas aliadas, de lo que se trata es de remitirnos a los datos y observar a quién beneficia la desunión. Una primera intuición, a falta de encuestas postelectorales: que el PSE-EE mejore su resultado con respecto a las anteriores elecciones al Parlamento Vasco (Pedro Sánchez tiene motivos para sonreír) tiene que ver con la desunión de la izquierda que representan Sumar y Elkarrekin Podemos. Un segundo apunte: que muchos antiguos votantes de Unidas Podemos en 2016 han optado este 21A por EH Bildu está fuera de toda duda también, en un contexto en el que la opción por la independencia de Euskadi está en el 22% según datos del último Sociómetro del Gobierno Vasco, del pasado mes de marzo (PNV-EAJ y EH Bildu han obtenido conjuntamente este 21A un 67,7% del voto emitido válido).
La desunión, la acritud pública, desacomplejada e irresponsable, entre líderes y militantes, la primacía de los intereses personales y partidistas, y en definitiva la deriva autodestructiva de este espacio político no son elementos positivos a la hora de conseguir resultados electorales beneficiosos para sus intereses (y algo que penosamente se tiende a olvidar: los intereses de las clases populares y trabajadoras). Esa dinámica autodestructiva ya está teniendo consecuencias claras, a nivel de diferentes comunidades autónomas y también en lo concerniente al gobierno español y sus apoyos parlamentarios. Y lo saben en todas las fuerzas políticas adversarias, singularmente en las filas del PSOE, siempre prestas a arrojar sus redes sobre los votantes desengañados por Podemos, Sumar y otras fuerzas aliadas. El problema es que algunos líderes de la izquierda transformadora no se dan por enterados ni aludidos, o lo que es peor, les importa un comino. A veces la irresponsabilidad es ilimitada, también entre aquellos que dicen defender los intereses de quienes más necesitan la política decente, la redistribución de la riqueza, la defensa de los servicios públicos y la lucha contra todo tipo de discriminación.
Publicada versión en catalán en Públic (24-4-2024)





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