El blog de Miguel Guillen Burguillos

14.5.24

Entrevista a Luis Fernández: "formar parte del Barça de Maradona fue una pasada"

Luis Miguel Fernández Domínguez es uno de los mejores futbolistas que ha dado nuestra ciudad. Jugó en el Valdelacalzada, UD Cerdanyola, Barça Atlètic, Futbol Club Barcelona, Andorra, Sabadell, Reus, Xerez, Betis, Premià, Esport Badaloní y Badalona. Jugaba como portero y llegó a la élite, algo que muy pocos jugadores de nuestra ciudad han conseguido. Nacido hace sesenta y dos años en Valdecalzada, provincia de Badajoz, vive en Mataró desde hace casi cuarenta y cinco años, a excepción de las cinco temporadas en las que por motivos profesionales tuvo que establecer su residencia en otras ciudades como Jerez o Sevilla. En Mataró conoció a la que hoy sigue siendo su esposa, aquí nacieron sus hijos y nietos y aquí sigue viviendo. Actualmente, sigue ligado al mundo del fútbol como coordinador deportivo de la Unión Deportiva Molinos.

¿Cuáles fueron tus inicios futbolísticos?

Comencé a jugar al fútbol en el club de mi pueblo, y con catorce años ya era el portero del primer equipo. Por aquellos entonces, estudiaba y trabajaba en lo que me salía, y los domingos por la tarde jugaba al fútbol. Quedé huérfano de padre con dieciséis años y era el mayor de cuatro hermanos, así que tenía que buscarme la vida. Había escuchado que en Cataluña podía cobrar por jugar a fútbol. Incluso hubo la oportunidad de fichar por el Real Madrid, que como el Atlético tenía ojeadores por la zona de Extremadura y me habían visto jugar. Hablaron con mi padre, pero él no lo veía claro. Recuerdo que, con lágrimas en los ojos, me decía: "pero hijo, ¿qué vas a hacer tú solo en Madrid, con lo grande que es?", y lo cierto es que me quedé en el pueblo. Siempre pienso que posiblemente perdí la oportunidad de jugar en el Madrid en aquel momento, pero gané aquellos dos años al lado de mi padre antes de fallecer.

Después de la muerte de mi padre, durante unas vacaciones vine a visitar a unos tíos que vivían aquí con la intención de probar con el CD Mataró, donde jugaba José Luis Flores, extremeño como yo que después ficharía por el Barça. Pero aquello no surgió y entonces apareció la posibilidad de probar en la Cerdanyola, a través del propietario del bar el Tren, de la avenida Jaume Recoder, el señor Pedro. Xirau, entonces entrenador del primer equipo, al verme jugar en un torneo en La Garriga quiso ficharme. El presidente del club era Antonio Jiménez, y a pesar de que había intención de que me incorporara al club, en aquel momento no llegamos a ningún acuerdo, así que decidí regresar a Extremadura. Pero estando en el autobús llegando a mi pueblo, apareció en una parada un hombre que decía ser de la Cerdanyola y me pidió que bajara, que me llevaba él con su coche, que quería hablar conmigo. Entonces sí que llegamos a un acuerdo y fiché por el club, con el compromiso de que me llevarían a probar al Futbol Club Barcelona y al Español. Y así fue, probé con ambos clubes y los dos querían ficharme. Me decidí por el Barça porque la oferta económica era mejor. Firmé a finales del año 1979, así que tan sólo estuve unos tres meses en la Cerdanyola, y poco después ya vinieron a vivir a Mataró tanto mi madre como mis hermanos.

¿Qué tal fue la experiencia en las categorías inferiores del Barça?

Recuerdo que me marcó mucho el primer partido en que fui convocado con el juvenil, para jugar en el campo del Rayo Vallecano. Entonces, jugábamos los juveniles primero y después, en el mismo estadio, jugaba el primer equipo. Aquel día se disputaba un Rayo Vallecano-Betis y  me impresionó mucho estar en el pasillo, que era muy estrecho, con jugadores de la talla de Rafa Gordillo, Fernando Morena, etc., además del hecho de viajar en avión, estar concentrados en un hotel... Eso, para un chico de pueblo como yo, fue un salto muy grande. Para mí aquello era más que un sueño, tener a mi lado a jugadores que hasta hacía poco los tenía en los cromos...

Al fichar por el Barça, el deporte se convirtió en mi profesión. Cuando esto ocurre y tienes la necesidad de hacerlo bien, te comportas de otra manera que cuando eres aficionado, aguantas cosas que quizá no aguantabas en el pueblo, etc. Yo la verdad es que lo disfruté mucho. Convertir tu hobby en tu trabajo era increíble. Y para un chico como yo, que venía de un pueblo de Extremadura, aquello fue alucinante.

En las categorías inferiores compartí vestuario con jugadores como Paco Clos, Rojo, Calderé, Pedraza, Salva, Arumí, Cándido Viana... A día de hoy mantenemos un grupo de WhatsApp de los juveniles del Barça de aquella época y estamos todos, a excepción de Ángel Pedraza, que el pobre falleció. Entre ellos está Albert Valentín, que trabaja ahora en Qatar con Zubizarreta y que antes había sido secretario técnico en el Barça y el Espanyol, Pep Boada, el míster Lluís Pujol... Luego, coincidimos en eventos y partidos de veteranos de vez en cuando.

Háblanos de tu llegada al primer equipo del Barça.

La verdad es que cuando entras en el vestuario del primer equipo no sabes dónde meterte, porque no sabes si te van a aceptar... Pero luego la relación con el resto de jugadores fue espectacular, porque lo cierto es que son personas normales y corrientes. Yo era humilde y callado, siempre intentando ayudar, y la relación fue muy buena desde el primer momento. Obviamente con los canteranos, porque ya nos conocíamos del juvenil y del Barça Atlètic, como Clos o Rojo por ejemplo, pero luego también entablé una buena relación con otros como Quini, con quien me llevé siempre muy bien. Incluso en un momento determinado me consiguió poder fichar por el Sporting de Gijón, aunque el Barça no me dejó marchar y no pudo darse.

Entrenar con jugadores de tanta calidad es espectacular. He llegado a la conclusión de que la gran diferencia entre un jugador que juega ochenta partidos con su selección y uno que se queda en Primera Catalana no es la técnica ni tampoco la condición física. Lo más importante, según mi opinión, es la táctica, la capacidad de entender el juego y escoger la solución más adecuada. El fútbol es un lenguaje universal, y el juego lo entiendes o no. Esta es la gran diferencia. Y eso se notaba rápidamente cuando compartías entrenamientos con aquellas figuras del Barça de principios de los ochenta.

La temporada 1983-1984 fue la que entrenaba diariamente con el primer equipo, a las órdenes del Flaco Menotti, e iba convocado los partidos de la Recopa de Europa. El Barça solamente podía disponer de un portero, que era Artola, pues Urruti no podía jugar a causa de una sanción y Amador estaba lesionado de larga duración. Aquel año fue espectacular, entrenando al lado de grandes figuras como el propio Quini, Schuster, Julio Alberto, Urruti, Periko Alonso, Lobo Carrasco, Boquerón Esteban, Víctor, Migueli, Marcos, Tente Sánchez, Pichi Alonso... Y quien para mí fue Dios, Diego Armando Maradona, que además era una persona excepcional con sus compañeros. Tenía algo especial, desprendía un halo que no he visto en nadie más. Si estaba a un kilómetro de ti, ya notabas que venía. La lástima es que en el Barça, a causa de la grave lesión y la enfermedad que sufrió, no se pudo disfrutar suficientemente de su fútbol.

Al final de la temporada, después de aquella famosa final de Copa del Rey con el Athletic de Bilbao que acabó con una pelea entre jugadores, algunos futbolistas del club participamos en una gira por Estados Unidos para jugar el torneo Trans-Atlantic Challenge Cup, mientras el primer equipo disputaba la Copa de la Liga. Ya se sabía que Terry Venables sería el entrenador la siguiente temporada y en la prensa no se hablaba de otra cosa que de la posible marcha de Maradona al Nápoles. De la primera plantilla del Barça fuimos a Estados Unidos el mismo Maradona, Clos, Migueli, Olmo, Amador y un servidor, mientras que del filial llegaron jugadores como Estella, Comas, Cañizares, Valor, Leiva, Iriarte, Oswaldo y Giménez. Además, reforzaron al equipo Mario Husillos, que era jugador del Murcia, y el gran Mágico González, que entonces estaba en el Cádiz. El entrenador que nos acompañó fue Rogelio Poncini, segundo de Menotti, mientras que por parte de la directiva vino Nicolau Casaus. Jugamos dos partidos en el Giants Stadium de Nueva York, el primero contra el Cosmos de Neeskens (perdimos 5-3) y el segundo contra el Fluminense (empatamos 2-2 y ganamos la tanda de penaltis). En el torneo también participaba el Udinese, pero no llegamos a jugar contra ellos. Fue una experiencia inolvidable. En definitiva, disfruté mucho de aquella etapa, y además Menotti quería que siguiera en el club, el problema es que al marcharse él, aquello no se produjo.

Mientras fuiste jugador del Barça, viviste dos cesiones, una al Andorra (1982-1983) y otra al Sabadell (1985-1986). ¿Qué tal fueron aquellas dos experiencias?

La de Andorra fue muy bien, en Segunda División B, jugando veinte partidos de Liga. Tenía diecinueve años y aquella experiencia me endureció mucho, me enseñó a ver los caminos que debes escoger en este mundo del fútbol... Representó salir del manto del Barça, donde estábamos muy bien cuidados, a otro club, y la verdad es que fue muy positiva, de hecho gracias a aquella temporada me incorporé después al primer equipo.

En Sabadell la experiencia también fue muy buena. No jugué, porque el portero titular era Joan Capó y lo hizo estupendamente bien, pero el equipo ascendió a Primera División y fue un acontecimiento muy importante en la ciudad, además con jugadores de gran nivel como Periko Alonso, Joan Barbarà... Sí que es verdad que llegué a Sabadell poco antes de empezar la temporada, cuando todo parecía indicar que me quedaría en el Barça sin jugar... Y es que hay que recordar que en aquella época los clubes tenían el derecho de retención del futbolista y no te dejaban buscarte la vida en otros equipos... Yo aquello lo viví en primera persona y lo pasé mal en algunos momentos de mi estancia en el Futbol Club Barcelona, porque yo lo que quería era disfrutar el fútbol. Después de la temporada en el Sabadell, ya me desvinculé definitivamente del Barça, con casi veinticinco años.

Y entonces llegas al Reus, a Tercera División.

Sí. Yo ahí ya pensé que se me acababa la oportunidad de jugar en la élite. Ya estaba casado, tenía una hija y me planteaba el fútbol de otra manera... Seguía viviendo en Mataró e iba dos veces por semana a Reus con mi compañero Miguel Corominas, porque el club arregló con el Badalona que el resto de la semana pudiera entrenar con ellos. La verdad es que aquella temporada (1986-1987) fue bien, porque nos conseguimos mantener en la categoría, con un equipo modesto, y entonces surgió la oportunidad de fichar por el Xerez.

¿Qué tal la experiencia en Jerez?

El equipo estaba en Segunda División, me até la manta a la cabeza y me fui para allá con la familia. La verdad es que la experiencia fue buenísima: fueron tres temporadas fantásticas, con José Antonio Naya como entrenador y con compañeros como Antonio Poyatos, en las que lo jugué prácticamente todo, rindiendo a buen nivel... Allí volví a tirar para arriba y cuando finalicé el contrato tenía ofertas de Castellón, Las Palmas, Betis... Y me decidí por el Betis, que estaba en Primera División.

¿Cómo te fue en el Betis, uno de los grandes del fútbol español?

Al Betis llegué en 1990 y en aquella época el club tenía muchas dificultades, a nivel económico, deportivo... Aquella primera temporada descendimos a Segunda y disputé trece partidos, y en la segunda campaña jugué treinta y dos en Segunda, incluida la promoción de ascenso que perdimos contra el Deportivo de La Coruña de Arsenio Iglesias. Jugar en el Betis fue una experiencia fantástica. Tuve ocasión de compartir vestuario con jugadores como Chano, Pepe Mel, Gabino, Nery Pumpido, Jordi Vinyals, Puma Rodríguez, Ureña, Merino, Márquez, Cañas, Cuéllar... Tuve a Cardeñosa y Esnaola de entrenadores... En Sevilla existe una dualidad para todo y en lo futbolístico también. Hay una rivalidad que se vive con mucha pasión, dentro incluso de las familias... Recuerdo que ibas por la calle y la gente te paraba, te preguntaba, te criticaba también... Piensa que el equipo bajó a Segunda... La verdad es que te sientes jugador de un gran equipo, los niños te piden autógrafos... A nivel deportivo no nos fue bien, porque el club arrastraba muchos problemas, pero para mí fue un orgullo jugar en el Betis, todavía más después de salir del Barça e irme a jugar a Tercera División. Porque siempre me gusta recordar que a mí el tren del fútbol me pasó tres veces, no solamente una. Y a pesar de lo que algunos dicen, bajo mi punto de vista de forma equivocada, el tren puede pasar más de una vez. Si tienes la calidad suficiente, pasa más de una vez. A mí me ocurrió.

Después del Betis, regresas a Cataluña para finalizar tu carrera. ¿Qué recuerdas de aquella etapa?

Sí, en 1992 llego a un acuerdo con el Betis para rescindir mi contrato. Entonces, apareció la oportunidad de ir al Zaragoza de Víctor Fernández, que había fichado al portero Toni Jiménez, que acababa de ganar la medalla de oro en las Olimpiadas, pero se produjo un conflicto entre el club y el jugador, que finalmente había firmado con el Rayo Vallecano. Estuve esperando la resolución judicial al conflicto, pero al final mi fichaje no se acabó de concretar. Y es cuando decido regresar a Cataluña. Entonces estaba mi amigo Miguel Corominas entrenando al Premià, me llama para que vaya a echar una mano y decido fichar. Allí estuve con él, luego con Pere Bonell y más tarde con Manolo Martínez como entrenadores.

Después apareció un proyecto muy ambicioso en el Esport Badaloní, muy ilusionante, y me llamaron para que me incorporara el primer equipo. Luego, llegó la fusión con el Badalona, continué algún tiempo más y allí me retiré como jugador.

Y después de tu retirada, ¿has seguido relacionado con el mundo del fútbol?

Sí, en el Badalona seguí entrenando en el fútbol base y más tarde en algunos equipos de Mataró. Y desde hace ya unos ocho o nueve años, soy coordinador deportivo en la Unión Deportiva Molinos, trabajando fundamentalmente con los chicos y chicas del fútbol base.

Publicado en catalán en Capgròs.com (14-5-2024)

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