El blog de Miguel Guillen Burguillos

18.3.25

La democracia necesita a Doc Emmett Brown

Toda generación está marcada por referentes populares cinematográficos, musicales, deportivos, videojuegos... La mía lo estuvo por películas como las tres de la saga "Regreso al futuro"; quienes fueron niños en los ochenta y principios de los noventa me entenderán perfectamente. El caso es que hace tiempo que vengo dándole vueltas a una idea disparatada: ¡qué bien nos vendría la máquina del tiempo de Doc Emmett Brown en estos tiempos inciertos! ¿Inciertos? ¿Es esta la palabra correcta? Probablemente no, pero supongo que el lector sabrá perdonarme.

Ya se ha escrito acerca de la inspiración de los guionistas de la segunda parte de la saga, Bob Zemeckis y Bob Gale, a la hora de conformar el personaje de Biff Tannen en el desastroso Hill Valley "alternativo" de 1985. Basta recuperar la película para darnos cuenta rápidamente del tremendo parecido del personaje con Donald Trump, ya popular en los Estados Unidos de hace cuarenta años, en quien se fijaron los citados guionistas. Pues bien, una vez más, la realidad supera la ficción.

El argumento de "Regreso al futuro 2" lo podríamos resumir de la siguiente forma: después de regresar a 1985 tras un accidentado viaje a 1955, el protagonista de la saga, Marty McFly (interpretado por el gran Michael J. Fox) viaja junto a su novia Jennifer (Elisabeth Shue) y su amigo Doc Emmett Brown (Christopher Lloyd) al futuro, concretamente a un lejano por entonces 21 de octubre de 2015, para cambiar el curso de la historia y salvar a su hijo de un problema que está por llegar. La cosa se complica cuando el viejo Biff Tannen (joven en la primera parte de la saga, ambientada en 1955) consigue robar la máquina del tiempo en un descuido de McFly y Brown, viajar a 1955 y entregar a su yo de entonces un almanaque que contiene los resultados deportivos que se produjeron entre los años 1950 y 2000, para que se haga de oro con las apuestas. Se lo da y vuelve a 2015, sin que McFly y Brown lo sepan (por el momento). Pues bien, sobra decir que el joven Tannen se hace millonario ya en su juventud. Cuando en 2015 nuestros queridos protagonistas recuperan su máquina del tiempo, regresan junto a Jennifer a 1985 y se encuentran con un escenario entre dantesco y apocalíptico, en el que reina el desorden social bajo el auspicio de un Biff Tannen erigido en magnate corrupto plenipotenciario, Trump Tower incluida (perdón, Biff Tannen's Pleasure Paradise). La nueva aventura de McFly y Brown consistirá básicamente en retornar a 1955, hacerse con el almanaque deportivo antes de que Tannen se haga millonario y regresar a 1985, con la esperanza de que vuelva la "normalidad".

En el 1985 "real", aquel que fructificó tras las vicisitudes de la primera parte de la saga, la familia McFly disfruta del éxito y una buena posición social, mientras que Biff Tannen, el abusón de 1955, les lava el coche y parece que no se entera de mucho. El futuro se presentaba, como poco, placentero. Pero Zemeckis y Gale no quisieron recrearse en un segunda parte tranquila y de color de rosa para Marty McFly y su familia, sino que nada más empezar el film todo se complica con el repentino viaje a un 2015 en el que hay coches que vuelan sin necesidad de gasolina, aeropatines, transplantes biónicos, clínicas de rejuvenecimiento, pizzas que se hidratan en dos segundos, los Cubs ganan la liga de béisbol, en los cines se estrena "Tiburón 19"... Eso sí, no aparece un sólo teléfono móvil y parece que la gente sigue utilizando fijos y faxes... La excursión a 2015 no dura demasiado, pero sirve para entender una de las claves de la saga: el futuro no existe, se puede modificar desde el presente sin necesidad de disponer de un Delorean que permita viajar en el tiempo.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con la actualidad que nos toca vivir? Mucho. La saga "Regreso al futuro" nos permite reflexionar sobre la necesidad de hacer las cosas bien en el presente para disfrutar de un futuro en las mejores condiciones posibles. Una reflexión naíf, sin duda alguna, pero que tiene mucho de verdad. El problema llega cuando pretendemos cambiar el pasado y no disponemos de una máquina del tiempo para arrebatar al joven Biff Tannen (Donald Trump) el almanaque deportivo de turno (el poder o la posibilidad de tenerlo en los orígenes del magnate que hoy ocupa el Despacho Oval). Cambiar el pasado no se puede (¿o quizá sí?), pero sí la percepción sobre éste para las generaciones presentes, como bien sabe la ultraderecha (recuerden: no hay que remover el pasado y cualquier parecido de los años 30 con la actualidad es pura coincidencia). Se ha escrito en innumerables ocasiones, sobre todo en los últimos tiempos, que la democracia liberal tal y como la conocíamos está en serio peligro, y seguramente así sea, por ello defiendo que los demócratas necesitaríamos un Doc Emmet Brown que nos pusiera a disposición un Delorean-máquina del tiempo para destruir, en algún momento del pasado, la posibilidad de que Trump se convirtiese en César. Como ello no es posible, como la construcción del futuro se hace desde este preciso momento, más nos vale no perder de vista las amenazas que llegan desde diferentes frentes (no solamente desde la Great Again America), defender nuestras instituciones, el estado del bienestar y el modelo de convivencia que se fraguó tras la victoria de 1945. ¿Algunas ideas? Cuatro muy claras: reforzamiento de la eficacia del estado en la resolución de problemas de las clases populares, mejora de la solvencia de los servicios del estado del bienestar, federalismo a todos los niveles y cooperación entre pueblos. Porque si estamos hablando de crear dinero para financiar la industria armamentística, ¿no podemos crearlo para otros menesteres? ¿Sencillo? Escribirlo en este humilde artículo mucho, aplicarlo se antoja extremadamente complicado. Lo primero, eso sí, consiste en tomar conciencia de la gravedad del momento, conocer la situación presente y trabajar para que la gente normal y corriente perciba la necesidad de unas instituciones fuertes a su servicio y para su protección. Si esta percepción acaba por desaparecer, el 1985 "alternativo" de "Regreso al futuro 2" estará más cerca. Y lo que es peor: Doc Emmet Brown no estará aquí para salvarnos. 

Una versión en catalán de este artículo está publicada en Públic (18-3-2025)

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