Autobiografía de un héroe (introducción al libro "Surcos de mis memorias", de Ramón Morales Morago)
"A menudo los héroes son desconocidos"
Benjamin Disraeli
"Desgraciado el país que necesita héroes"
Bertolt Brecht
Quiero empezar esta introducción agradeciendo a Ramón Morales la confianza que ha depositado en mi persona para echar una mano en la elaboración de su autobiografía. Ya tuve el privilegio de escribir la introducción del libro "Memoria colectiva de la Juventud Comunista en Mataró", que lideró el propio Ramón, y poder participar de nuevo en un proyecto de recuperación de la memoria democrática representa un honor y un privilegio. Se me ha encomendado la tarea de escribir una introducción al volumen y no se me ocurre mejor manera de hacerlo que reivindicando la lucha de aquellos héroes anónimos que, como Ramón, se jugaron la libertad y la vida para poder recuperar la democracia en nuestro país.
Es importante recordar, como dice el propio autor de esta autobiografía, que sin organización no somos nada, una afirmación de claras reminiscencias gramscianas que hoy, en un contexto social, político y económico extraordinariamente complicado, deberíamos situar en primer plano. Porque los liderazgos mesiánicos, el afán de protagonismo, el egocentrismo y la necesidad de acaparar todos los focos se han demostrado absolutamente ineficaces, incluso perjudiciales, para los intereses de las clases trabajadoras. Ramón Morales, como sus compañeros de lucha durante la dictadura y también ya en democracia, nunca persiguió ningún protagonismo, ninguna foto ni ninguna alabanza, sino que decidió dedicar una parte muy importante de su vida a la lucha por la libertad y la democracia con la única intención de poder construir una sociedad más justa, un noble objetivo que hace que debamos considerar, sin miedo a equivocarnos en el uso del sustantivo, que aquellos luchadores como Ramón son héroes. Anónimos, pero héroes.
La primera acepción del término "héroe", según el diccionario de la Real Academia Española, es la siguiente: "persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble". Debemos detenernos ante la expresión "acción muy abnegada", porque considero que ilustra a la perfección lo que aquellos luchadores como Ramón han venido haciendo desde que tienen uso de razón, singularmente durante la dictadura franquista. No creo que sea necesario insistir demasiado, porque cualquier conocedor de la Historia coincidirá con un servidor: fueron acciones absolutamente abnegadas las que protagonizaron los militantes antifranquistas, que sufrieron la represión en forma de torturas, prisión e incluso el asesinato. En este libro Ramón relata en primera persona su experiencia, que pone los pelos de punta a cualquier lector con un mínimo de sensibilidad y empatía.
Volvamos a la definición del diccionario de la Real Academia. Aquí quiero detenerme en la referencia a una "causa noble". Porque no se me ocurre una causa más noble que la lucha por una sociedad mejor, en libertad y democracia, a riesgo de perder todo lo que tienes, como hicieron aquellos luchadores anónimos como Ramón Morales. Por tanto, repito, no existe riesgo alguno a la hora de definir a estos militantes como héroes. Porque héroes fueron y héroes son. Existen otras acepciones en el diccionario que bien podrían ser adecuadas a hora de definir a los militantes antifranquistas como Ramón, pero creo que la primera es de una exactitud difícilmente superable. Hoy, cuando utilizamos la palabra "héroe", seguramente nos viene a la cabeza algún personaje de ficción, antiguo o moderno, pero quiero insistir en la definición del diccionario de la Real Academia, porque las personas de carne y hueso también pueden alcanzar aquella categoría, porque no hace falta tener un progenitor que sea un dios, porque a veces los héroes están más cerca de lo que podamos imaginar. Ese es el caso de Ramón, una persona con una energía extraordinaria.
Considero necesario hacer referencia en esta introducción a la necesidad de organizar colectivamente a las personas que luchan por la defensa de los intereses de las clases trabajadoras, máxime ante un panorama internacional de recuperación de ideas, discursos y prácticas que creíamos olvidados y superados. En la larga noche del franquismo la necesidad de organizarse estuvo siempre fuera de discusión, y en el caso de nuestro país, no hay duda de la preponderancia del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), en Cataluña, y el Partido Comunista de España (PCE), a nivel de toda España, como partidos mejor y más ampliamente organizados, mientras que a nivel sindical la aparición de las Comisiones Obreras (CCOO) representó, en palabras del periodista Enric Juliana, "la más genuina construcción social del pueblo español durante el franquismo. El primer gran sujeto colectivo opuesto a la dictadura que no lleva el sello de la República y de los tiempos anteriores". Cierto es que no todo el antifranquismo militó en estas organizaciones, pero no sería justo ni honesto obviar el papel que jugaron los comunistas del PSUC, del PCE y de CCOO en la lucha contra la dictadura. Ramón Morales, miembro del PSUC y de CCOO durante muchos años, también jugó un papel protagonista en el impulso de la Juventud Comunista de Cataluña (JCC). A su militancia en estas organizaciones dedica un buen número de páginas en este libro, que sirven como muestra de su lucha abnegada y su compromiso inquebrantable, un material de gran utilidad para aquellas personas que quieran acercarse al estudio de casos concretos y particulares de la lucha antifranquista. El caso de Ramón es paradigmático, porque en él convergen diversas experiencias durísimas que pueden definir lo que fue la lucha contra la dictadura en nuestro país: sufrimiento, represión, torturas, cárcel, exilio... Porque corremos el riesgo de banalizar lo que supuso luchar en un contexto de represión extrema como fue la dictadura totalitaria del general Franco. Porque no todo el que podía se implicó en la lucha antifranquista.
Pero Ramón no sólo explica su vida política y sindical, sino que trata con una sensibilidad absoluta sus vivencias personales y familiares, con episodios absolutamente trágicos que el lector tendrá ocasión de conocer: sus orígenes en Daimiel, localidad manchega que gracias a nuestro protagonista podremos conocer mejor en estas páginas, su emigración a Mataró, el exilio en Francia, el regreso a Cataluña, la recuperación de la democracia, su vida en Dosrius... Todo ello, enmarcado extraordinariamente a nivel historiográfico, en lo que es un ejercicio de erudición digno de admirar.
A menudo insisto a veteranos militantes de mi entorno de la necesidad de dejar negro sobre blanco sus memorias, recuerdos y vivencias de lucha. Considero fundamentales aquellas pequeñas historias personales de quienes, sin saberlo, fueron protagonistas de una época concreta, porque ello resulta clave en la recuperación de eso que se ha dado en llamar en los últimos años "memoria democrática". Los historiadores desarrollan una tarea encomiable a la hora de explicar qué pasó durante la dictadura franquista, y siempre he pensado que aquellos que abordan la historia desde el punto de vista local merecen un aplauso que no siempre reciben. Pero también es fundamental que, humilde y honestamente, los propios protagonistas tengan la oportunidad de explicar qué vivieron y cómo lo hicieron. Por eso trabajos como esta autobiografía de Ramón Morales son tan importantes, porque hoy más que nunca resulta imprescindible que los jóvenes y no tan jóvenes conozcan de primera mano qué supuso vivir bajo el yugo de la dictadura, para valorar un poco más lo que supone vivir en democracia, con todas las limitaciones que se quiera, pero en unas condiciones que nada tienen que ver con lo que les tocó a vivir a quienes comparten generación con Ramón. Porque al final resultará que la democracia la trajeron Suárez y Juan Carlos de Borbón después de reunirse en un despacho. Y no, no fue así: porque el dictador murió en la cama, pero la dictadura murió en la calle. Sin la lucha de todas aquellas personas que decidieron dar un paso adelante y arriesgarse, la llegada de la democracia no hubiera estado tan clara. Aquellos cimientos que puso la lucha antifranquista hicieron que ya no hubiera marcha atrás, y conviene no olvidarlo. Porque como digo, la dictadura murió en la calle porque héroes anónimos como Ramón Morales decidieron jugársela, organizarse y luchar. Luchar por un mundo mejor. Por todo ello, se merecen nuestro agradecimiento, nuestro cariño y nuestra admiración más absoluta.





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